lunes, 30 de julio de 2018

Recuerdo de pesadilla

El exgerente de la librería me ha dado trabajo en su supermercado y la tarea que se me ha encomendado ya está hecha. Le pregunto si hay algo más qué hacer y me dice que puedo limpiar los alrededores, lo que hago enseguida. Un amigo de las escuela me lleva a un sitio más alto, donde hay un fangar y luego se me olvida limpiar los alrededores. Recuerdo que el gerente tenía antes una librería en la que yo también trabajaba. Sigo andando con el amigo cubano por el fangar y me siento mal porque hay polvo y yo era asmático, No veo más a este amigo de la escuela. Aparentemente, me he quedado dormido y bajo por unas escaleras eléctricas que hay arriba. Un agente de seguridad me pide que me identifique y cuando saco la cartera, no encuentro la licencia de conducir con foto y solo partes de la licencia donde está mi nombre firmado, pero no una foto. El agente me dice:
-No se preocupe. Yo sé que usted es el escritor Liboy.
Como me he quedado dormido arriba, han pasado dos horas más de las ocho, cuando tenía que ponchar. Son las diez de la noche. Veo muchos carritos Hot Wheels en un perchero. Me pregunto qué me habrá pasado cuando estaba dormido. Me quiero lavar la cara y voy a verme en un espejo que está al lado de la máquina de ponchar. Cuando me miro al espejo, veo a otra persona. No soy yo.

domingo, 29 de julio de 2018

Secuela del escorpión

Escribir el cuento del escorpión no me dio tanto trabajo después de todo. Ya había escrito un cuento sobre una picadura que había publicado Mario Cancel en Narrativa Puertorriqueña. El relato lo inspira una visita que le hice a una niña cuando tenía seis o siete años, con un primo de mi padre que es doctor en medicina y que me llevó a Valle Arriba para que viera el inmenso cienpiés que la había picado en la cuna. Lo sacamos de la parte delantera de la nevera en la casa suburbana y la nena se puso en cuarentena casi desde la cuna debido a la herida que le causó la picadura. En cuarentena, usaba otro nombre. Se llamaba Sick Bay estar en cuarentena y ahora estar en cuarentena se llama Rehab. Hay gente que muere en Rehab Station sin cura. La nena tenía cura si la atendíamos. Ya yo estaba emplazado desde los seis años para hacerme cargo de ella. Se convirtió en una mujer preciosa cuando llegó a la adolescencia, pero seguía en Rehab.
La atendimos con una cepa de células madres, pues la picadura le causó una obstrucción en el aparato reproductor. Cuando nació el niño, se podían ver residuos de necrosis en sus manos. Afortunadamente, la nena se pudo casar con el muchacho con el que ella quería hacer su vida. Yo estaba emplazado para hacer eso desde que era pequeño. William Burroughs dice que estas cosas son comunes en el Sur de Los Estados Unidos y particularmente en Trinidad, donde la deseabilidad de una cura como la que ella recibió hace que haya un culto al cienpiés. Claro, eso es exagerar mucho. Son bromas de William Burroughs. El hecho es que incluso Don Luís Ferré sabía que la muchacha estaba en cuarentena. Era agente del Gobierno porque estaba en Sick Bay. En la librería Hermes, donde saludé al anciano exgobernador, no me regalaron la novela de Burroughs que habla del famoso culto, sino una novela más positiva de Lem, Fiasco, que habla de otro problema que iba a ver en el tray de mi hijo.
Debido al hecho de que la cepa estaba congelada, el nene nació con dedos supernumerarios en la mano derecha. Esto lo menciona Lem en Fiasco, donde se congela al operario de una nave en problemas, para descongelarlo en una nave nueva en el futuro. Lem argumenta que la descongelación del operario causa que aparezcan los problemas de la mano. Ahora bien, los lunares rojos que tenía en la mano los causó la necrosis de la portadora.

viernes, 27 de julio de 2018

El programa Marc

Mi hijo está matriculado en un programa que se llama Marc, en recuerdo de un personaje patronal que protege a los pastores en el Second Sheperd´s Play. Marc es un patrono o protector de los trabajadores. En mi vida, yo era el Second Sheperd y el padre de mi hijo, el genitor, era el First Sheperd. Cuando fui al Colegio y pude ver el nombre del programa de química en donde estaba el nene, me dio gracia pensar que alude al famoso drama medieval inglés. Claro, no se lo comenté a la madre, que me enseñó el certificado firmado que le dieron del programa al muchacho. Otras cosas he recordado de mis años en el Departamento de Literatura Comparada. Ejemplo, el poema alegórico Piers The plowman, que habla de la vida disoluta de un empleado de riegos. Piers siempre está bebiendo cerveza. Se la escancía una mujer que personifica el vicio de la bebida y que en el poema se llama Lady Mead. Estos son recuerdos de cosas que nos daba la profesora de literatura mediaval y que en el Colegio donde estudió el nene son pertinentes. Cerca del Colegio hay una cervecería y los temas de Piers son cosa de todos los días. En Río Piedras no hay una cervecería y los programas de estudios no llevan nombres de patrones medievales. El Colegio del Oeste es un lugar diferente a Río Piedras. Es curioso que todo lo que he leído y estudiado en Río Piedras explica muchas cosas de esa escuela, sobre todo los asuntos medievales. Otra cosa que me llama la atención es el nombre del insecticida con el que eliminaron la plaga de termitas en mi casa. Se llama Termidor, que es el nombre del mes francés en el que se instauró lo que en la Revolución Francesa se conoció como el terror. En Termidor fue que se ejecutó a muchos franceses que no estaban con los jacobinos. El insecticida lleva ese nombre cómico.

La novia del escorpión




       Las comunicaciones por radio estaban suspendidas, debido a una censura obligada por razones de seguridad, ya que se había desatado una guerra en el que fuera mi territorio de trabajo. Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquel lugar, en el que de hecho no había tenido suerte, desde el punto de vista romántico más que nada. La novia de mi primo, quien era mi asistente de cátedra, era la única persona que me echaba de menos. En la nueva universidad, donde estaba estudiando literatura y no ciencia, la encontré a punto de mudarse a un hospedaje. Mi padre, en el nuevo país, estaba cansado y casi enfermo, apagado. No quería ayudarme a seguir estudiando, y tampoco quería que siguiera viviendo con personas de su edad. El decano de la Facultad de Ciencias, que era un físico de la edad de mi padre, tampoco quería seguir dirigiendo mis estudios. Sintonizaba una estación de radio del país en el que había vivido de niño, y en donde fui un profesor del sistema Lancaster, y claro, no encontraba nada. Ni música, ni comentarios o locutores. La guerra que se había desatado en el territorio no me permitía saber nada de aquella gente. Mi primo, el asistente, se las había arreglado para transportar a su novia a la Universidad. Entonces, sí, claro, me mude con ella a un apartamento de la comunidad universitaria, porque se sentía sola en el hospedaje. Estaba conmigo aunque no era mi novia, sino la de mi primo, y no quería dejar que yo estuviera solo porque me echaba de menos. Por supuesto, que estar con ella no era lo mejor, pero como no me dejaba me tuve que casar con ella, ya que mi primo no se había casado con ella cuando estábamos en el otro país.
       Como no era maestro de matemáticas, no tenía derecho a una receta médica, para enviarle un mensaje a mi asistente. Mensaje que decía: aunque estoy con tu novia, no te preocupes, no habrá hijos. Un maestro de matemáticas, con sólo dar unas clases, podía conseguir la solución para transmitir un mensaje químico, cierto que no hablando por la radio, al igual que los insectos, que se comunican químicamente. Una prueba contraceptiva que yo le hiciera a esta mujer, que estaba conmigo por razones de nostalgia, podía ser ese mensaje químico que burlara la censura radial. Pero para ello, como es natural, me tenía que casar con ella. La receta la conseguía si me casaba con ella. Algo ciertamente paradógico, pero necesario, ya que había que dar a entender que el hombre que estaba al otro lado se había quedado sin mujer. Era una medida inteligente que tomaban los académicos con los que yo estaba ahora.
      Lo cierto es que ahora aparecía públicamente casado con la novia de mi asistente, aunque el matrimonio con ella me daba el derecho a usar el químico con el que me podía comunicar. Si hubiera sido maestro de matemáticas, no me habría tenido que meter en esa obra de teatro, que era un matrimonio no deseado con la novia de mi amigo. Pero le pude transmitir un mensaje a mi amigo a través de la clínica, ya que usé la receta, aunque ahora apareciéramos casados. Luego de que logré enviarle ese mensaje a un país en guerra, me separé de su muchacha y conseguí que nos divorciáramos. Es verdad que ahora se me haría difícil casarme de verdad, pero como estaba comprometido con mi antiguo trabajo y con las personas con las que había estado, tuve que soportar ese dilema. No sabía, sin embargo, si el mensaje a mi primo había llegado a su destino. Lo cierto es que no me pude casar de nuevo y que pasaron muchos años, en los que estuve sólo.
       Una entomóloga, o especialista en la vida de los insectos, se interesó por mí. La picadura de un escorpión, en la temprana infancia, no solamente había sentado las bases de su vocación por esas formas de vida; la picadura, terrible de por sí, le había obstruído las trompas de Falopio con una hemorragia. Esta mujer, como es natural, me buscó cuando me divorcié de la novia de mi primo. Ya para entonces no era estudiante universitario, y mi pasado como maestro del sistema Lancaster era cosa olvidada. Pero a pesar de todo, ella vino a buscarme a la casa de mis padres. Venía ella del otro lado igualmente, de ese país que seguía en guerra con éste, y la justificaba estar conmigo la obstrucción que padecía.
      -Cuando eras maestro en mi país, yo era muy pobre para ser tu estudiante- me dijo. -Me picó un escorpión y ya ves cómo estoy.
      -Lo importante es que fuiste tú quien recibió el mensaje- le dije. -Ya sabes que no tuve hijos con la novia de mi primo, a la que la gente de tu país quería tanto. A mí nunca, nunca a un maestro de un país tan pobre como el tuyo, pero que no está acostumbrado a la pobreza. Ustedes, en el pasado, no eran pobres y eso es todo lo que los tiene en guerra con éste, que siempre fue pobre. Sin embargo, tu problema tiene solución. Hay una cepa de células madres de esa pareja, la de mi asistente y su novia. Con que me dejes saber si los quieres, tu obstrucción desaparecería. Y quizá ya no serías la novia del escorpión que te picó.


II
       Algunos años después, la novia de mi primo, la mujer con la que estuve dramáticamente casado, volvió a buscarme a la casa de mis padres. Llegó a la casa de mis padres embarazada. Yo la estuve cuidando hasta que tuvo al nene, que era igual que mi asistente, pero con un detalle curioso. No se parecía a la madre, su novia, sino a la entomóloga.
      -No se parece a tí- le dije. -Se parece a mi primo, pero no a tí. Sino a la mujer de aquel país.
     -Aceptó lo que le sugeriste- me dijo. -Aceptó la cepa de mi novio y yo. Aunque como lo puedes ver, no lo tuvo. Volvió a aquel sitio enseguida, luego de que la clínica le injertara las células.
     -Lo de ella con los insectos es algo serio. El escorpión lo recuerda como si fuera su novio- le contesté. -No se casó conmigo.
      -¿Qué será lo que ese pobre insecto te quiere decir?- me preguntó.
      -No es malo- le dije. -Interprétalo como quieras, el caso es que estás aquí.
      -Es hijo de ellos- me dijo. -Pero nunca te voy a dejar.
      No podía comprender por qué la novia de mi primo seguiría conmigo. Asunto olvidado, en todo caso. Pero ella me recordó que el sistema Lancaster me había vacunado para dar clases en aquel país.
    -Uno quiere salir de las picaduras, pero no puede evitar que la pobreza rebote. Ya no hay escorpiones en las escuelas, pero no se pudo evitar que te operaran y te vacunaran. Estabas igual que la entomóloga, con la amenaza de un aguijón. Por eso, si te fijas, no hay quien sepa si tienes hijos o no tienes hijos. Yo estuve contigo todo este tiempo porque se te había olvidado que fuiste maestro del sistema. Por eso no te dejé.
     -Claro- le dije. -Inglaterra es un enjambre. Se me había olvidado que fui maestro de su sistema.
      Muchos años más tarde leí una novela sobre entomología. Los insectos estaban empezando a cobrar importancia en el país que me recibía, y recordaba que un actor me había hablado de las nuevas novelas que se estaban publicando. Sólo que los autores, como los actores ingleses, se estaban muriendo rápidamente y dejaban sus obras inconclusas. Recordé a la joven mujer que me vino a ver porque recibió el mensaje que le enviamos. No era lo mismo que hablar de frente con mi antiguo asistente, que había desaparecido en el país enemigo. No sabiendo qué hacer con su novia y con su hijo, que también era hijo de la entomóloga, me dediqué a pasearme por los centros comerciales con una calma siempre alerta, en espera de mejor suerte romántica, por cierto, aunque sin resentimientos ni dolores por el pasado. Esperando que pasara alguien quizás, dando una vuelta desde mi casa, se fueron consumiendo mis días sin mayores contratiempos. Los insectos eran cosa del pasado, pero los recordé con simpatía. A veces, en los semáforos, cuando las hormigas se me subían por los zapatos, me sentía extrañamente feliz y nostálgico.


domingo, 22 de julio de 2018

Nuevo Comentario

No me imaginaba que el oficio de escribir era tan costoso. Casi no puedo publicar libros a mi edad. Es muy caro publicar libros de cuentos y entonces tengo que acudir, como es natural, al blog. Me he comunicado por Linkedin con algunas personas que conocí en el pasado, pintores y escritores. Lo que ellos me dicen me desanima un poco, pero en realidad no tiene importancia. Una buena noticia es que puedo escribir en este programa gratuito. Esto me alegra bastante y también me anima a escribir algunas notas. Es verdad que hace tiempo que no escribo cuentos como en el pasado, pero eso no es porque me sienta mal. Me alegra mucho que mi hijo se haya graduado de biotecnólogo en el Colegio de Agricultura y Ciencias Mecánicas. Eso tambien me anima a escribir. Mis tíos vinieron de visita y eso me alegró igualmente. Estas notas les hago principalmente para el blog, no con la intención de imprimirlas en papel.