Cuando tenía un año más o menos, mi tío vino a visitarme con su Volkswagen rojo. Mi papá había tenido un Volkswagen negro, y luego un Chevy negro, pero luego ya no me fijé en los carros. No obstante, cuando cumplí los dieciocho años, y empecé mis estudios en literatura, mi papá me regaló un Volkswagen rojo que pintamos de blanco. No hacía poco me habían robado un Mazda rojo con el que iba a la Universidad. Mi vida estaba empezando a cambiar. En mis estudios iba bien, pero ya no veía claro las cosas de mi vida. Esperaba que al terminar mis estudios, lograría aclarar un poco lo que me pasaba. De hecho, he leído que todo depende de lo que uno crea. Si uno se comporta de acuerdo a sus creencias, uno se porta bien. Bastará que los demás sepan en qué cree uno para que se pueda convivir.
Poco después de que mi papá me regalara el Volkswagen, una muchacha me pidió que me casara con ella. Quería primero convivir conmigo, para probar a ver cómo nos iba. En realidad, nada estaba muy claro, salvo que tenía ganas de escribir. Con los maestros me había ido bien en la escuela. Es decir, no era un mal estudiante, aunque tampoco estaba seguro de que yo fuera realmente bueno. No habría importado gran cosa que no lo fuera. No obstante, seguía estudiando lo que me daban en la Universidad. Durante un tiempo pude leer algunas cosas. Las novelas, de admirables que me parecían, empezaron a resultarme realmente vagas. Cuando los profesores preguntaban si lo que leíamos tenía sentido, yo a veces decía que sí. Podía escribir una larga parrafada absurda acaso, pero bastaba la intención de aclarar las ideas. Podía contestar quién era la reina Isabel de Inglaterra, o recitar cualquier texto. Recordaba, de hecho, que algunos maestros para ser creativos viraban las cosas al revés. Decían que Ana era la madre de Isabel, cuando en realidad era la madre de Felipe. Y la madre de Isabel, la de Felipe. Años más tarde supe que en el cine dicen que Ana Bolena era la madre de Isabel.
Muy pronto nada quedaba en claro. No sabía en lo que iba a trabajar en el futuro y nunca me habría imaginado que iba a terminar vendiendo calendarios. No sabía por qué unos sí y otros no. Buscando en los libros no encontraba gran cosa. Fue entonces cuando apareció una muchacha que usaba el nombre de otra que yo habia conocido en la infancia. Aparentemente, la otra me había acusado falsamente en la escuela, y ello había sido el motivo principal por el cual estaba estudiando en una escuela especial. Puede ser que el desánimo no me llevara a defenderme. La cuestión es que ahora, en la Universidad, estaba conmigo una muchacha que usaba el nombre de la que me había acusado. Me decía que tenía el pelo malo, que por ello no me aceptaba la que me había acusado. Una barrera que parecía boba, no me permitía avanzar más allá.
Iba mucho en el Volkswagen a Humacao con mi novia. Una vez se tapó el carburador y le pusimos una media para filtrar el aire. Lo vendí en Caguas por seiscientos dólares. Traté de escribir un cuento largo sobre este tema, pero no despertó ningún interés en mis lectores. Muchas veces me metí debajo del carro para cambiarle el cable de la transmisión. Publiqué un amasijo de textos sobre el Volkswagen blanco en la red electrónica, pero pronto desaparecieron ese y todos los textos publicados en la red. Siento que la vida sigue siendo vaga para mí. Me siento como mi primo hermano. Todo el tiempo dicen que está desempleado, que no tiene dinero para pagar sus cosas, que no trabaja, cuando yo sé que es una excelente persona. Iba mucho con él a la playa de Isabela a ver a Noemí, una muchacha por la que mi padre pagaba cuatrocientos dólares todos los años, para que pudiéramos decir que teníamos una pariente bonita en mi familia paterna. En mi familia materna no hay problema, todas son bonitas. Pero en la familia paterna es que tenemos que buscar a una prima que esté bien, si nos queremos casar. Le pasa eso a todas mis primas paternas. Noemí nos ayudaba en ese sentido, pero había que pagarle los estudios y eso era justo, estaba bien.