Sobre una Presentación del XXX Aniversario de la editorial Isla Negra
Así como las matemáticas pasaron de una visión fuertemente amarrada a la filosofía a un enfoque aplicado, el teatro puertorriqueño está pasando de una visión tradicionalmente aristotélica a un tipo de representación que se podría decir de conferencia o archivo. El motor del teatro tradicional es el conflicto o la controversia en el seno de la acción. Quien se quería para algo en la antigua escena de Puerto Rico debía darle énfasis a la acción y tal acción debía obedecer a un conflicto o controversia.
Desde principios de los años Ochenta, esa exigencia que requería todo escrito que se fuera a llevar a escena, se fue borrando a tal grado que el público puertorriqueño se acostumbró y prefiere ya la nueva forma de hacer teatro, que es la Presentación y en el seno de ella, algo que reemplaza al tradicional conflicto de Aristóteles, que es el dato y la abierta discusión.
Este nuevo tipo de representación escénica es fruto de la crisis que supuso utilizar los principios del teatro tradicional en el seno de la práctica siquiátrica. La sicología se sirvió más que mucho de la ficción y de la artificialidad de la dialéctica, que es oponer dos cosas que usualmente no tienen nada que ver una con la otra, para obtener alguna reacción del paciente. Casi todo Aristoteles desembocó en el sicodrama.
La reacción en efecto no se hizo esperar y es la puesta en escena de un tipo de representación en la que ya no hay dos cosas que eran la esencia del teatro convencional: no hay ya ficción en la situación dramática, y por supuesto, tampoco adversarios.
¿Qué puede reemplazar al cuento y a los consabidos adversarios de una situación imaginaria? El stand up, la interpretación, o si se quiere ver más literariamente, la traducción. El stand up reemplaza a la acción, y la carne de ese stand ya no es el enfrentamiento de los adversarios, sino la traducción del lenguaje del Ser al lenguaje del Otro. Hay adversidad, y por supuesto, tensión o estrés, pero ya no hay conflicto. El problema es entender y no enfrentar a los adversarios. Traducir y ya no simplemente presentar en escena al enemigo.
Un ejemplo de esta forma de teatro es la manera en que los puertorriqueños han explicado o llevado a escena la revolución de las matemáticas. Todavía el existencialista norteamericano William Barrett nos podía relatar en un libro suyo lo que él cree que pasó. Los adversarios eran en su opinión Bertrand Russell y el matemático Whitehead, en la víspera de lo que se ha conocido como El Cuartelazo, que es la camisa de fuerza que Wittgenstein le impuso a la lógica cuando trató de eliminar el aparato de símbolos de esa disciplina, apostándole al lenguaje, y alejándola del juego de las matemáticas. Cuenta Barrett que en una visita que hizo el alemán a Londres, Whitehead no pudo presentarle a sus hijos o sencillamente no sabía decir ni quiénes eran, al lado de Russell que sí conocía a los suyos y se los presentó. Este cuento ha sido representado tantas veces, por tantos actores y actrices de Puerto Rico, en tantas presentaciones, que es de fuerza notar que el cuento en sí le importa menos a los puertorriqueños que explicar lo que Barrett quería decir.
En 1993, la actriz Nayda Lugo Corcino, en compañía de su madre Mercedes, llevó a escena el cuento de Barrett con los dos hermanos menores de la actriz, que hacían el papel de Russell y Whitehead, conmigo haciendo las veces del advenedizo señor Wittgenstein. La puesta en escena no se dio a conocer por la fuerte impronta que le impone el sicodrama y la siquiatría al teatro puertorriqueño de hoy. La idea de Nayda, y de su madre Mercedes, era traducir a Barrett. Se usó la técnica que tan bien se les conoce a los Lugo, que es la Presentación, aunque el objetivo era explicar mejor lo que Barrett decía que pasó con los matemáticos.
Hoy en día, casi veintinueve años después, sigue siendo el cuento de Barrett el que hay que explicar como sólo los Lugo lo saben hacer, que es presentando públicamente a un conferenciante que hace las veces del lógico, y dos actores que son adversarios porque uno conoce a sus hijos y los puede dar a conocer y el otro no. Cierta o no la explicación de William Barrett, el caso es que los puertorriqueños consideran que esa ficción de Barrett es la más elocuente a la hora de llevar a escena lo que pasó con las matemáticas, por qué usamos calculadoras científicas o por qué es mejor escanear un código de barras y olvidarse de la aritmética. La presentación de libro de Julio César Pol, de poemas sobre el ala de un hospital siquiátrico, al lado del libro del Gremlin de Federico Irrizarry, con el presentador Carlos Roberto Gómez Beras, es retrospectivamente también una explicación no sólo de lo que ha pasado con las matemáticas, sino de lo que ha pasado con el teatro. Las retrospectivas y el espíritu de archivo, la pasión derrideana, dominan la forma de hacer teatro en Puerto Rico.