domingo, 19 de diciembre de 2021

Fielding y Sterne

  

 

Juliano, el Apóstata, era medio hermano de un varón, lo que explica inmediatamente que no le quedaban muchas alternativas en lo que se refiere a su vida amorosa. El padre de Tom Jones, el señor Alsworthy, viaja a Londres cuando se entera de que su mujer ya no lo quiere, aunque han procreado tres hijos. Viaja a Londres para conocer a una nueva novia que no se va a quedar con él, ya que su medio hermana es la que va a adoptar a su hijo ilegítimo con esa desconocida enamorada. La medio hemana del caballero es la que le salva la vida amorosa. Juliano, sin embargo, era un emperador romano que no tenía un recurso similar y eso es lo que explica que haya dejado de creer en Dios y seguramente abandonado sus más caras convicciones filosóficas. Bendito sea el que tiene una hermana buena con otro papá, si se da el caso. Sterne se burló de Fielding en Tristam Shandy, que es una parodia de la seria novela amorosa del primero. A mí ni me va ni me viene, me gustan las dos. 

Bajas de Presión

  

 

Nunca supe explicar por qué se quemaban con tanta frecuencia las estufas de mi vecindario. Las hornillas de las estufas explotaban, tanto en Trujillo Alto como en Río Piedras, lo que causaba que las amas de casa se quemaran las manos y se deprimieran más que demasiado. Debe ser la irregularidad de la presión barométrica, que nunca suele ser estable en la vecindad, que causa dos fenómenos que se pueden asociar o no, si eres o no poeta. La presión baja disipa la concentración de oxígeno en la atmósfera. Un encendedor barato te acerca a la realidad ambiental directamente, si te da trabajo encender la llama ello implica menos oxígeno causado por la baja de presión. Comprar un encendedor desmontable es una alternativa que no he condiderado, pues mi idea no es tanto fumar como estar al tanto del problema ambiental. Baja presión es menos oxígeno y menos oxígeno es un encendedor chino que no va a funcionar. No se trata de resolver el problema con un encendedor mejor. Yo prefiero seguir usando el encendedor que trae Paco de América Latina y acudir a los fósforos Tres Estrellas cuando baja la presión.

Eso explica que entienda perfectamente bien el cuento de Mario Levrero sobre lo complicado que es montar un encendedor renovable. Yo creo que la innovación es buena, aunque no la he usado. No sé si funciona como un Bic cuando se ha recargado o si es sensible a la presión, como un encendedor chino más económico. Eso está por verse. No he ensayado esa alternativa.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Otra vez las novelas de espias

     Nunca fui adepto a las novelas de espionaje, pero sí es verdad que leí alguna en la adolescencia. Siempre estaba presente la figura de Robert Ludlum. La novela The Holcroft Covenant, que trata sobre la liquidación de una carpeta financiera, le da de qué hablar a los críticos literarios norteamericanos. Les importa menos el problema económico que la caracterización del protagonista, lo que habla bien de ellos, que al igual que los españoles le dan más acento a la sicología de los personajes que a su modus vivendi. Dice la editora Fiona Kellegham que el fuerte de Ludlum es retratar a los biggies, los varones americanos de treinta y tantos que ganan lo mismo, treinta y tantos miles anuales, por cada año que sobrevivieron a las escuelas de su país. Casi todos reciben una oferta que los va a botar de la pequeña burguesía, aunque es verdad que alzándoles la cola, pues son todos bien educados y ya han sido yuppies. Los héroes de Ludlum son todos biggies, ganan treinta mil dólares anuales y cuentan con un solvente título académico, pero por alguna razón no se ganan el cariño de los trabajadores y es ahí que se ve el ingenio del novelista que propone convertirlos en espías.

    Las novelas de Ludlum, nos explica Kellegham, casi siempre dan cuenta de la paranoia política que ha creado las teorías de las conspiraciones, pero hay excepciones notables como la que yo leí y como otra que veinte años más tarde trajeron los libreros a San Juan, The Altman Code, que comenta la cuestión de los códigos de seguridad, los passwords y la privacidad del mundo político, pues ahí es que Ludlum presenta su concepto de lo que es un código. Para los más es como un pasador o un filtro, para Ludlum es un cambio de contexto o eso que Deleuze llama desterritorialización. Que te saquen del sitio en dónde trabajas o te alimentas, basta para que tu vida sea un filtro o un pasador, si no un secreto, a la luz del que no te conoce. En el caso de esa novela de Ludlum, el biggie viaja a China para casarse con una mujer china, porque el tipo es una rareza lo rechaza inmediatamente y porque es un profesional rechazado, va a dar con la posible compañera independentista que prefiere referírselo a un banco en Filipinas. Obviamente, ese escritor se moderó mucho en la ancianidad. Altman es otra manera de decir Dios, a la luz de los traductores de los Upanishads o libros sagrados del Indostán. Obviamente, el biggie es un hombre de Dios. 

martes, 16 de noviembre de 2021

Otro poema de Jacques Prévert

 El gato y el pájaro

 

La aldea escuchaba desolada

El canto de un pájaro herido

Es el único pájaro de la aldea

Es el único gato de la aldea

Que lo ha medio devorado

Cuando el pájaro deja de cantar

el gato deja de ronronear

Es hora de montarle un museo

Y la aldea le hace al pájaro

Maravillosos funerales

Y el gato que ha sido invitado

Camina detrás de la pequeña estera

Donde yace alargado el pájaro muerto

Llevado por una niña

Que no deja de llorar

-Si yo hubiera sabido que te iba a dar

Tanta pena- le dice el gato a la niña, -lo hubiera

Devorado todo y te habría contado

Que lo había visto volar, sí,

Volar hasta la esquina del mundo

Ahí abajo donde todo está lejos.

Habrías llorado menos

Simplemente de pena

Y de remordimiento.

 

No hay que dejar las cosas a medias.

 

 

Del libro Historias de Jacques Prévert

Reseña que alguna vez me llamó la atención

 La ruta de los celos

 

Para tratarse de un relámpago, no es más que eso. No hará falta que la mirada cruzada que Alicia le de a un desconocido, joven mujer sin antecedentes, especialista renombrada en la fabricación de jeringuillas, para que se descorra el espejo que media en el Reinado del Erotismo para vivir ahí los éxtasis más incandescentes. Alicia no sabe nada de ese hombre, pero lo sigue dócilmente a dondequiera. En un anodino apartamento, se libran escarceos tan intesos que podrían aportarle algo a la ebullición de un regimento de esquimales. La primicia hace pensar en los relatos de Hanif Kureishi, a partir de los cuáles Patrice Chereau adaptó la cinta Intimidad. Pero no se trata sino del guionista Nicci French, escritor bicéfalo, que aúna la cabeza de Nicci Gerard y de Sean French. Esta pareja de periodistas (ya van por su cuarta obra) se ha hecho de una divertida reputación picoteando aquí y allá bestsellers que se leen de una sentada, donde el suspenso es el hecho más notable.

 

Fragmento de la reseña cinematografica de la película Fuego Glaciar, del cinesta vietnamita Chen Kaïge, basada en una novela de Nicci French.

 

Tomado de Magazine Litteraire, junio del 2002.

Carta vieja

 


domingo, 14 de noviembre de 2021

Fragmentos de poesía amorosa

 Pensaba conocerla, faltaba nombrártela

Se lo dije a mi padre, y estaba contigo

Pero no sé de nada que aminore mi tedio

Ese retraso nos rendirá sus rudos cuerpos de mala manera;

Aún así el estrés no se irá enseguida

Y todo alegato de que es necesario esperar

Es llorar tarde porque hay que llorar

 

Horacio de Corneille, Tercer Acto, Tercera Escena

 

¿Amor, quizás, o tengo la estima por el suelo?

Su secreta mordida está a la vuelta de la esquina,

Ahora que le conviene llamarse de cualquier manera.

Qué puede importar. Él ve, él va, él sueña, él toca.

La silla quedó justo al lado del lecho en donde duermo.

Así pude verlo salir a otro destino.

 

 El cementerio Marino de Paul Valéry, Estrofa XX

 

Suelo decirme- de cuándo en vez- Clov querido,

Lo que haría falta verte sufrir menos que yo,

Si quisieras que yo te dejara salir de aquí

El día menos pensado.

 

Fragmento del monólogo de Clov,

Final de Juego de Samuel Beckett

 

La tierna y peligrosa mirada del amor

 

La tierna y peligrosa

Mirada del amor

Se me apareció una tarde

Después de un largo día

Se trataba de un arquero

Y su arco

O acaso de un músico

Y su arpa

Quién sabe

Lo único que sé

Es que él me hirió con una flecha

O quizás con una canción

Todo lo que sé

Es que me hirió de corazón

Y que todos los días

Y por siempre seguirá supurante

Y más que supurante

Esa herida de amor

 

Historia de Jacques Prévert

miércoles, 10 de noviembre de 2021

De nuevo el potlatch en un libro de Arturo Carrera

             Noticias sobre el potlatch encontré vagamente en una obra de Bataille sobre el comercio latinoamericano. Para Bataille, la guerra la libran los comerciantes gratuitamente y sin aparente motivo, con un proposito ritual. La llamada guerra florida, donde las inversiones se hacen sin necesidad, para enfrentar al enemigo en una fiesta, deja siempre perplejo al francés. En medio de esas observaciones, nos dice lo que es el potlacht para él. La raíz etimológica es sioux. Los indígenas de Norteamérica le prestaban al inglés su fuerza de trabajo, bajo la forma de un retoño, a cambio de dinero. En la casa de un inglés crecía ese hijo o hija, que era la garantía de devolución del dinero que se le estaba prestando al indio. Toda vez que devolviera lo que se le había prestado, recuperaba al hijo y podía sacarlo de la casa inglesa donde lo tenía al servicio del señor. Claro, el potlatch es lo que hoy en día se conoce como un préstamo sin colateral. El que pide prestado y no cuenta con una propiedad inmueble que garantize la devolución de ese dinero, debe acudir a esa manera de garantía que es el potlatch.

 

En ese sentido, el libro Potlatch de Arturo Carrera que se acaba de publicar entronca con el tema económico y a la vez con la actitud que se cree es la correcta desde que América Latina es independiente. Un aviso de esto es en Puerto Rico, el Aguinaldo Puertorriqueño. ¿Qué es el aguinaldo en tierra andaluza? Es un niño que se le obsequia a una mujer empobrecida para que se defienda, y a esa luz se debe leer el primer libro de aquí. Si en Andalucía el aguinaldo es un regalo de vida, lo que Alonso nos dice es que en Puerto Rico no es un ser vivo sino un libro. Por la misma línea, el libro de cuentos Potlatch, un mazo de papel y tinta, es lo que cabe como la garantía de un préstamo. Esta postura va con el cuento que la explica, Esque somos muy pobres, de Juan Rulfo en El llano en llamas.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Yo estuve en el palacio de la luz

        -A Kattia Chico



     Borges adelantó muchas ideas sobre el ambiente de las computadoras en un libro de poemas breves que tituló Los conjurados. Ahí se explica bien cómo se recibe en el mundo la idea del control que le atribuyen los franceses a los programadores. La idea más básica es que la cibernética es timón y no control. Un cyberpunk es un timonel, no policía y mujer como la rejilla. Los conjurados es un evento propio no del ambiente de los programadores sino de las comunicaciones. Es la reacción que cabe esperar cuando el mensaje está adulterado o sujeto al azar. Una cosa no tiene que ver con la otra. Lo que ocurre con el mundo de las computadoras no tiene nada que ver con lo que ocurre con la prensa y la publicidad. Los programadores van por un lado y los divulgadores por otro, como pasó con los críticos literarios y los artistas de la palabra. Bueno, porque desde el principio no tienen nada que ver unos con otros.

    En este ambiente de finales de los Ochenta, era curiosa la publicación de La conjura de los necios de John Kennedy O`Toole, que es una parodia de la seria idea borgeana. Una consecuencia inmediata de la nube era la sobrestimación de un silver beak como Borges, más si era joven y privilegiado. Era epítome del Nuevo Orden Mundial, con un gran discurso como el de Borges. El personaje de la conjura era exactamente lo contrario, tan cerca del poder y la luz que era un cero a la izquierda, y eso nos daba gracia. Kattia Chico tiene un buen poema sobre este asunto que se titula El palacio de la luz, y claro, un verso que tampoco olvido que dice: yo estuve en el palacio de la luz.

Lo nuevo en computadoras

     Tengo una idea vaga aunque cierta de lo que puede estar pasando fuera de mis cuatro paredes cuando repaso lo que hay sobre mis escritos en papel. No sé lo que ocurre con lo que aparece en la red, sobre ello ahora me atengo a lo que dicen los expertos en informática y no a lo que dice la crítica literaria. El evento que importa señalar, que no adquiere aún la contundencia de un concepto, es la bien o mal llamada nube, que como la rejilla tuvo su tiempo. La rejilla, que es una idea madrileña, se comentó ampliamente en las redes cuando empezó la Internet y todavía había que llamar por Dial Up a un servidor telefónico. Es una idea vieja como la de la Virgen María de los luteranos y se aplica a las mujeres que trabajan en el mundo de las computadoras.  La nube es reciente y trata del acceso a la información. Algunos creen que el acceso ilimitado a cualquier información es ya un hecho que se puede verificar científicamente. Admitir que existe tal cosa como un acceso ilimitado es privilegio de pocos. No a todo el mundo le reconocen esa conciencia públicamente. Eso es lo que Martin Gore llama en su canción The policy of Truth.

    Borges era amigo de adelantar ideas sobre el lenguaje más apropiado para trabajar en el área de la cibernética y decía lo mismo que mis maestros de matemáticas. La lógica de George Boole, sobre la que Pierre Menard, el autor del Quijote, deja un peregrino comentario en su extraña bibliografía, era la estructura sobre la que construyó el lenguaje que se empleaba para enseñar a programar. La idea más antigua de lo que es programar se ve en la rejilla. Como hay en la célula un núcleo que tiene la información o DNA, hay un mensajero que tiene la misma información o RNA, aunque no está aislado como el primero y está sujeto a los azares del medioambiente. Cibernética es ese contexto es tratar de conjurar el azar que vive el portador o mensajero. Hay escritores que se fijan más en el hecho de que la programación es control y pueden escribir un libro como The human use of human beings.

    La nube no es una idea de cibernética, sino de la informática. Conlleva legislación sobre los derechos de autor, que en estos momentos y ante el nuevo tratado del presidente Biden, tiene como consecuencia la apertura más completa imaginable a todo tipo de datos y a todo tipo de personas. Borges también decía con humor, como René Descartes, que el buen sentido es la cosa mejor repartida y que no tiene razón de ser encuevarse con lo que uno piensa, ya que todo el mundo piensa e imagina. Acceso ilimitado a todo lo que escribe el que se toma la molestia de anotar los suyos es un derecho que describe el nuevo tratado internacional. La nube es el efecto inmediato de esa política y ya existen poemas sobre el fenómeno. El poema Nubes de Enno Ahl advierte que la Nube es la máscara del Nuevo Orden Mundial y nos describe un personaje típico de raíz Dickensiana, un señorito que se sobrestima y deja de escribir porque está seguro de que todo el mundo está ligando lo que escribe en Cloud. Borges tiene su versión de un personaje igual de super encumbrado en un poema que lleva el mismo título. 

martes, 7 de septiembre de 2021

El recuerdo de una canción que me gustó

 Ahora una evocación de la canción Missing del grupo Everything but the Girl.

 

Cuando escribí el poema

Gorda y lo recité en la estación de radio

Los yerbazales y el cierzo de la noche

No te anunciaban. La canción

Perdida y recordada como tantas cosas

La escuché y me daban ganas

De que el amor fuera así

Como en la canción. Pero

Ahora, ya mayor, ¿qué tanto perdí?

Recordarte quizás. El sentimento

Tiene un límite, no se puede seguir

Viviendo así, pensando que no vamos

A durar, todo el tiempo.

Un descanso es olvidar

Y sólo brevemente

La canción. 

lunes, 23 de agosto de 2021

Más sobre la lectura

            Mi primera experiencia con la lectura que recuerdo fue copiar un pasaje de un libro de Estudios Sociales sobre los polinesios.  Fue la Sra. Morales la que me asignó esa tarea, y ello en vista de que había confesado que tuve algo que ver con la masa de un pastelillo con la que los otros párvulos se pusieron a jugar. Sin embargo, me gustó copiar el texto y casi no escribí otra cosa hasta que llegué a la vida adulta. La primera novela que recuerdo es El Polizón de Ulises, cuando la Sra. Soltero nos la asignó. Esa novela cuenta la historia de un perseguido político escondido en el desván de una casa y la idea fantástica que tiene el niño que lo va a ver a hurtadillas, de que el desván es un barco donde el proscrito está ocultándose. Debí leer novelas en noveno grado, pero la idea era entrar en contacto con la Naturaleza y no leer tanto, así que todavía tengo las que se habrían asignado a ese nivel y que no llegamos a leer.

         La idea del Sr. Riddering era acercarnos a la Naturaleza y no entrar tanto en el tema obsesivo de la escuela, que es la reproducción y la sexualidad, así que evitamos Yuyo, la de la jíbara que aborta y es condenada por el juez. Guardada tengo todavía Memorias de Mamá Blanca, que es la historia de una madre adoptiva, que es un ser humano tan común desde 1815, con la inmigración canaria. De ese grado y que no leímos tampoco eran Los hombres del hombre y El niño que enloqueció de amor. Las encontré misteriosamente en el cuarto bien amarillas, con las páginas pegadas por la humedad. Es verdad que el Scout Master evitó darnos esas dos, hay algo de enfermiza obsesión que no cuadra en una vuelta a la Naturaleza.  El noveno grado fue el año decisivo para muchos, ahí se notó quién seguía en la escuela y quién mejor iba a trabajar desde joven.  Después, nuestra vida fue igual que la vida de otras escuelas. Los que siguieron en la escuela leyeron lo mismo, y sí se hizo énfasis en la reproducción y en la sexualidad, aunque no de la manera cruda que le tocaba enseñar al maestro de noveno grado. 

sábado, 21 de agosto de 2021

La lectura es como un noviazgo

        Yo me parezco a mi padre en muchas cosas. Tengo muchos libros de literatura marxista que quisiera entender, pero el lado religioso no es mi fuerte y los datos los puedo asimilar sin conocimiento de lo que implican en la vida cotidiana. Si es menester aceptar lo que dicen, hago el esfuerzo y creo, aunque se me olvide lo que tengo que creer. A mi papá le pasaba lo mismo con los libros de non-fiction. Los quería asimilar y siempre estaba en la mejor disposición de aceptar lo que decían, pero no significaban gran cosa para él. Para mí, por supuesto, menos todavía. Sin embargo, una novela sencilla de noveno grado que no pude leer a tiempo en la escuela, por lo desordenados que eran mis compañeros, la habría entendido cuando valía la pena que la entendiera. Ahora las puedo ver rotas y medio podridas de tan viejas que están, pero si me pongo a ver lo que dicen, me felicito porque las habría entendido a la edad en que habría valido la pena leerlas. Es una lástima pensar que estaban guardadas a la espera de una maestra que hubiera tenido la bondad de asignarlas. A cierta edad uno lee para que alguien te celebre que has leído algo que le importa. Es como un noviazgo. 

Carrie

             Theodore Dreiser no siempre estuvo en altas. A veces tuvo episodios de baja autoestimación y llegó a decir que merecía que lo ejecutaran en la silla eléctrica, sin dejar de señalar que era un arribista fracasado. Cuando estuvo en altas fue un resentido que odió a su compañera actriz, y hay libros que describen más que bien la verdadera confusión de su vida, sin aludir directamente al autor, como el de Oliver Sacks, que habla del hombre que confundió a su mujer por un sombrero. Algo de eso dice la autora puertorriqueña Marta Aponte Alsina en un fragmento de novela histórica sobre el poeta William Carlos Williams, que formó parte de la misma generación de Dreiser. El fragmento en cuestión apareció en la Revista Letras Salvajes de Alberto Martínez Márquez, y después en una edición impresa que llevó a cabo la escritora Mara Pastor. 

      Ahora bien, ¿por qué Theodore Dreiser a estas alturas del juego? La novela de cuando estaba en bajas me la obsequió precisamente el editor de Letras Salvajes, que posteriormente ha declarado el nuevo interés de los puertorriqueños por la novela y el cuento histórico. Otra vez vamos para Fernández Juncos, nos dice el profesor Martínez en un suplemento en el que apareció haciendo manifiesto su sentir al lado de la profesora Pastor. La novela de cuando el Sr. Dreiser estaba de mejor humor dio pie a una película de horror bien famosa, Carrie, que lo conecta inmediatamente a los zombies de ahora. Nunca pude ver Carrie cuando era adolescente ni creo que la habría entendido bien a esa edad, pero ahora no me pondría a verla. Sin embargo, alguien me consiguió la novela de Dreiser en la que se basa Carrie, que es más seria y se titula Sister Carrie. Me imagino lo que dice y no creo que la termine.

Sobre la alimentación

             De vez en cuando veo libros de cocina en las estanterías callejeras de Río Piedras, pero por lo menos no he visto los alimentos que reseñan en sus recetas y por esa razón dejé de traérselos a mi madre, ya que no hablan de cosas que se puedan comer aquí. En 1989, acerté a conseguir un libro que tiene sentido porque esos alimentos sí se pueden conseguir en la localidad y sus recetas se pueden hacer. Hace poco pude ver reseñado otro libro de ese tipo que no sé si tiene sentido, aunque lo dió a conocer una profesora de historia. Como tengo la suerte de tener encargada la compra de alimentos, sé qué cosas tienen sentido y qué no tienen sentido, pero mantengo una extricta reserva sobre el particular. El asunto tiene alguna importancia, ya que la prensa habla más que mucho de la alimentación correcta. No conozco ni someramente el tema que tan bien conoce mi madre. Me refiero siempre a una lista que ella escribe en un bloc. Recuerdo que cuando estaba casado ya sabía cocinar y sin embargo, por no haberlo hecho yo con más frecuencia, se me olvidó lo que sabía hacer. Como he perdido muchas piezas dentales y no me ha pasado eso por mala salud, sino por la edad a la que he llegado, me limito a comer sopas de fideos como los enfermos terminales, y no me siento mal. No obstante, mi madre me invita a hacer el esfuerzo de comer todavía cosas que sólo de joven podía negociar. Una comida que echo de menos por la edad es el churrasco argentino y otra cosa que ya no puedo comer es el sandwich cubano. Eso me llama a nostalgia casi como una novia.

jueves, 19 de agosto de 2021

El nuevo no me importa

            Una novela que siempre me ha llamado la atención por la complejidad de sus referencias es The white cascade, que narra según dicen muchos un olvidado accidente de ferrocarril en 1910. Tiene todos los ingredientes de un texto cervecero, de esos que dicen alguna verdad que puede o no importarle al que la suscribe, pero inmediatamente después que el lector ha emprendido la lectura, se entiende capaz de suscribir tal riqueza de matices, que uno reflexiona si la falta de compromiso del autor, su aparente cold dryness, es una ironía más lo mismo que su no llegar a ninguna parte. En la contraportada del texto está el meollo principal de la trama y se puede seguir o no leyendo, sin perder lo que importa notar. El gerente de la compañía de ferrocarriles enfrenta cargos por negligencia en vista de que contrató varios plows o empleados de riego para trabajar en la vía, sin tomar las necesarias precauciones. Como es de esperarse esta negligencia del gerencial es la responsable por una nevada que destruye la vía y deja sin vida a innumerables parroquianos que habían comprado pasaje para viajar en el tren, enterrados todos en la nieve. El detalle que nos deja saber que estamos ante un cold dry novel es una la mención acaso irrelevante del hecho de que las vías alternas del tren son de hierro colado y no de fundición. Un spur o solución química para colar el metal sugiere lo mismo que una cepa de células madres, que se obtiene de la misma manera, con una solución química. El dato peregrino nos conecta de inmediato al referente obligado de ese tipo de literatura, que es la reproducción humana y la cibernética. 

             De buenas a primeras, la seca verdad narrada sin aparente compromiso, puede o no llamarle la atención al lector. La novela cold dry es cosa de todos los días en los Estados Unidos. Las hay mezcladas con alegoría, o más bien figuradas, lo mismo que se puede ver en cualquier novela española desde Cervantes hasta el día de hoy. Pero lo que llama la atención no es la paleta del artista, sino eso que los ingleses llaman la intensión y los griegos el telos, el propósito. El juego imaginativo está precísamente en esa zona y no en el color. A ratos la narración puede ser directa y sencillamente narrar el accidente, o simplemente conectar con el referente de un cold dry novel, que casi siempre es la reproducción, pero es su falta de compromiso, su no desear comunicar nada, lo que hace resaltar la novedad. La actitud del autor en este caso, la sequedad de lo presentado, que se conoce como dry humor, sin que realmente haya el deseo de hacer reir, es lo que importa destacar como una actitud nueva que se puede verificar hasta en el nuevo teatro americano.

             Por ejemplo, un nuevo dramaturgo de hoy prefiere reescribir La Duodécima Noche de Shakespeare, y no una obra suya a secas. Se nota que es un autor de talento que podría figurar sin problemas en Broadway, como Henry Miller, pero como no tiene el compromiso de un Miller, prefiere no ser nadie y reescribir un drama isabelino en una antología escolar. Todo eso es nuevo, no ocurría en el pasado. Que sea una actitud nueva no quiere decir que sea una actitud buena. Yo en lo personal no comparto esa actitud, que me parece pedante y altanera, típica de un profesordello como los personajes de los que habla tan bien Julián Ríos, el autor de Larva y Poundemonium. Se ve más en el escritor americano y menos en el español, y yo creo que es por eso que prefiero ser español y puertorriqueño, y no ya norteamericano. Toparme con un personaje como los trasfugas o sexpedidionarios de los que habla Julián Rios no me gustaría.

sábado, 14 de agosto de 2021

Variacion intervocálica

            Un ejemplo del descubrimiento lingüístico que relata Labov en su obra Sociolinguistic Patterns se puede encontrar en relatos de Raymond Carver. Se refiere a la variación intervócálica, como en las palabras vessel y vassal, que en el relato de Carver denotan no sólo un cambio de sentido sino de contexto social. En el cuento de Carver se narra la historia de un cardiólogo que le explica a un particular lo que él lleva a cabo como doctor. El narrador nos cuenta que el doctor está bebido y que por esa razón no está pronunciando bien las palabras, o confundiendo unas cosas con otras, como cuando quiere explicar que su trabajo tiene que ver con las venas y las arterias, o vessels, a la misma vez que quiere dar su opinión sobre los pobres, que según él la pasan más que bien siempre: vassals done it good. Este relato aparentemente poco importante da noticias sobre un hecho lingüístico que se ha descubierto en el inglés, la tan mentada variación intervocálica, que no hay aparentemente en el español de América. Germán de Granda dice que ello se debe a la notable desigualdad que había entre indios y negros con los españoles. Sin embargo, anota que tomar un sólo hablante idiosincrático como caso que sirve de ejemplo no es justo, por lo que un cuento como el de Carver no vale para probar que ese fenómeno es común. Tipos originales como Labov o Carver no son la regla.

miércoles, 7 de abril de 2021

La repetición

      Algunos jóvenes están atentos al hecho de que suelo publicar reiteraciones o versiones repetidas de un mismo cuento y siempre en un mismo libro, como si no fuera posible fijar una versión definitiva o satisfactoria, que yo pueda presentar como la versión que debe perdurar. La razón para estos hechos es una práctica que refleja una realidad de la cultura. Cuando vamos a la escuela nos repiten una y otra vez lo que se tiende a olvidar. Es verdad lo que se nos dice una y otra vez y por alguna razón se nos olvida de nuevo. Que la biosfera es viral es un hecho que no necesariamente data de hoy. La vacuna es cosa que vuelve una y otra vez y que generación tras generación se ha vuelto a reiterar con mayor o menor insistencia. En los Setenta se llamaba The Who, se pergeñó en la ciudad de Ginebra, y en los Ochenta se llamaba The Fixx y se destacó mucho menos que ahora, que es innombrable y no es popular o cómico el asunto que se ocupa de ella. De estos hechos que refleja la repetición se ocupó oportunamente Wallace en su libro Cultura y Personalidad, ¿y quién recuerda a Wallace? Algo que no tiene que ver con la redundancia es el hecho de escribir. Afortunadamente, escribir es algo que si lo aprendemos a hacer bien, contiene de manera inherente toda la filosofía que importa, hasta eso que en mí época se consideraba ficción, que es el propósito. El sólo hecho de poner en blanco y negro lo que pensamos deja saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. La palabra bonita en este caso es teleología, y no empero sea lo que en español se conoce como una palabra compuesta, además de abstracta, es en cierto modo una repetición innecesaria para el que ya sabe escribir sencillamente lo que pasa por su mente.

sábado, 2 de enero de 2021

Oídos

     Había perdido interés en casi todo lo que me rodeaba. Ya tenía lo que los sicólogos de hoy llaman pensamientos de muerte. Eso es que pensaba que iba a morir en el sueño. No podía oír por ninguno de los dos oídos y difícilmente me podía comunicar con mi madre, que estaba igual que yo, igual de sorda que yo. ¿Cómo iba a trabajar ahora? ¿Cómo iba a pagar las cosas? Mi hijo se había ido lejos, no estaba cerca de mí. Entonces creí que todo había terminado para mí, que ya no escribiría más nada.

Le debía quince dólares a mi amigo Edgardo Nieves, por un ejemplar de la poesía completa de un autor recientemente fallecido, del que Net me hablaba con reticencia. No estaba seguro de que había fallecido ese autor. Ya había perdido a Angel Luís Torres, y ahora otro al que apenas conocí. Pero mi amigo Roberto Net estaba con vida, igual que Edgar, el campeón que según me decían era portador del virus. Me comunicaba con Net y estaba haciendo arreglos para ir a buscar a su apartamento un ejemplar de su libro blanco y a dejarle un ejemplar de mi novela con el doctor Adyanthaya. El hecho de que mi último editor fuera médico era algo que me preocupaba. ¿Tendría que volver a las ciencias? ¿Tendría que volver al seno maternal de la razón científica?

Sin preámbulo alguno, repentinamente me recuperé. De pronto podía escuchar perfectamente bien. Los sicólogos no tenían nada que ver con lo que me ocurrió. Ellos solamente fueron testigos de esa rara recuperación. Recuerdo que en la casa de Carlos Roberto Gómez Beras todavía no podía oir nada, que se me había hecho difícil comprender lo que él me decía. Le dejé todos mis escritos en papel, no en una ficha electrónica que él me consiguió. Todo estaba en papel porque no tenía pensado publicar nada. Si le interesaban, todo estaba en dos sobres manila.

¿Cómo es que de pronto podía oir todo bien? No había querido leer en Primera Hora un artículo de salud sobre el comienzo de la sordera, que es cuando se oye un silbido lejano, acompañado por bajos como los de un tocadiscos sin tierra. Acostado, me parecía escuchar la voz de una cantante francesa que nunca existió. Alguien de la generación de Uriah Heep, pero en francés o en ruso. No tenía manera de identificar el origen de esa voz femenina lejana. Pensé que incluso ese fondo de música Down Beat europea que parecía escuchar a lo lejos, con mezclas de otros desconocidos raperos, desaparecería y entonces no habría nada más que silencio. Sin embargo, ya desde los días en que estaba sordo, tenía interés en lo que me sucedía y si no leí el artículo de salud, sí me interesó una reseña de cine que contaba la historia de un baterista de rock que se estaba quedando sordo también. Cosa que incidentalmente no me entristeció. De algún modo sospechaba que el problema era temporal o de raíz sicológica, y así se lo había comentado a algunas de mis amistades. Era un problema sentimental. Algo moría y algo nacía. Alguien me dejaba y alguien venía. Sobre este oscuro pasadizo de una edad a otra o de una época a otra, dije lo siguiente:

Me conmueve saber que estoy con vida. El rumor de mi sangre que escucho por el oído derecho me llena de sentimiento. Parece una máquina de recortar grama por las mañanas. Alguien que está ahí trabajando que acaso no quiera que yo le hable mucho de su pasado. Me da sentimiento como en la niñez me dieron sentimiento otras cosas. Parece que hay vida eterna. Aquí estoy yo leyendo sobre tonterías como las grandes marcas de productos. Me interesa saber todo. Tanto libro que uno no conoce, tanto artista que pasó por la vida sin que uno lo sospechara. Yo mismo no pude darme a conocer de muchos. El pelo me crece ralo como el de mi abuela y me parece que esto pasa por el medicamento que tomo que es mellow, como le dije a Dorian Lugo. Me dejé atender de joven por alguien del otro panal, para que supiera que soy civilizado. Que lo dudara no importa ahora. La gerencia de marcas me llama la atención. Es pesimista su literatura, inspirada en Kant. Que a nadie le importa saber la verdad, que la gente juzga por cansancio. Pero ahora quiero decírlo porque muchas veces escuché decir lo mismo. Voces que no recuerdo me hablaban del mismo rumor que oigo ahora de viejo.

Esto lo escribí cuando todavía escuchaba bien por el oído izquierdo y no había perdido la audición de los dos. Puede ser que las gotas que me recetó la doctora primaria tuvieran algo que ver, pero es curioso pensar que no me hice un lavado como en la niñez o en la adolescencia. Estaba seguro de que mi problema era sentimental y no fui a destaparme los oídos, aunque los doctores me dijeron que estaban tapados con cerumen seguramente. Ese no era mi caso, y estaba seguro de que no era tampoco el caso de mi madre.

Cuando recuperé la audición, sin saber por qué, como tampoco supe nunca por qué la había perdido, recuperé también el interés en cosas que aparentemente no tenían importancia. La gramática más que la semántica. Las estructuras del pensamiento más que el sentimiento o el significado. Es curioso pensar que poco antes de el fallecimiento de mi padre, que me había instruído sobre lo que debía hacer cuando el ya no estuviera, había grabado algunas piezas musicales directas de uno de los dos tocadiscos que me dijo que fuera a buscar.

Aunque las cintas de grabar eran cosa del pasado, había grabado en varias lo que me importaba. Ahora que me estaba recuperando, notaba que es verdad que estuve sordo o medio sordo como diez años, pues todo lo que había hecho estaba tirado en el fondo del closet y polvoriento. Limpié la maleta que había dejado tirada. Los discos que había sacado lejos de mí, porque había perdido interés en todo, la verdad es que no pensaba volverlos a oír. Es verdad que ahora que oía de nuevo no pensaba ponerme audífonos. El hecho de volver a poder comunicarme con mi madre y escuchar normalmente me alegraba.

Supe que estaba completamente recuperado cuando me topé incidentalmente con un artículo de ciencias de Science and Nature Wrinting, sobre la sordera de Michael Chorost, otro compañero de galera. El señor Chorost narra una historia similar que yo no puedo verificar. Según dice, le implantaron una computadora cerca del tímpano para reinterpretar su entorno. Tenía problema principalmente con las notas bajas, esto quiere decir que oyó primero el ground de un tocadiscos cuando se quedó sordo, y no como yo un timbre agudo. Sin embargo, el caballero tampoco fue a hacerse un lavado, prefirió escribir un libro sobre el singular evento.