De vez en cuando veo libros de cocina en las estanterías callejeras de Río Piedras, pero por lo menos no he visto los alimentos que reseñan en sus recetas y por esa razón dejé de traérselos a mi madre, ya que no hablan de cosas que se puedan comer aquí. En 1989, acerté a conseguir un libro que tiene sentido porque esos alimentos sí se pueden conseguir en la localidad y sus recetas se pueden hacer. Hace poco pude ver reseñado otro libro de ese tipo que no sé si tiene sentido, aunque lo dió a conocer una profesora de historia. Como tengo la suerte de tener encargada la compra de alimentos, sé qué cosas tienen sentido y qué no tienen sentido, pero mantengo una extricta reserva sobre el particular. El asunto tiene alguna importancia, ya que la prensa habla más que mucho de la alimentación correcta. No conozco ni someramente el tema que tan bien conoce mi madre. Me refiero siempre a una lista que ella escribe en un bloc. Recuerdo que cuando estaba casado ya sabía cocinar y sin embargo, por no haberlo hecho yo con más frecuencia, se me olvidó lo que sabía hacer. Como he perdido muchas piezas dentales y no me ha pasado eso por mala salud, sino por la edad a la que he llegado, me limito a comer sopas de fideos como los enfermos terminales, y no me siento mal. No obstante, mi madre me invita a hacer el esfuerzo de comer todavía cosas que sólo de joven podía negociar. Una comida que echo de menos por la edad es el churrasco argentino y otra cosa que ya no puedo comer es el sandwich cubano. Eso me llama a nostalgia casi como una novia.
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