martes, 5 de septiembre de 2023

Madrugada LOVE.

 ¿Cómo saber si Eso termina? Lo primero el nivel de anillos de carbono en la corriente sanguínea. Eso desciende a poco de haber terminado lo que se entiende así: Amor. Sucede a los 17 años. Si la nostalgia te lleva a la nada, como le suele pasar a los portugueses, el cigarrillo te recuerda que algo esencial lo has perdido definitivamente y cuando tenías eso no lo sabías. Ahi de nuevo te espetan: LOVE. Misleading o no, aparecen legiones diciéndote: LOVE, LOVE. Luego hasta las legiones que como sabes van en dromedario a saciar su Sed mirándote si antes te admiraban.

Por eso de Naufragar a tu lado, Salobre Fin.

 Salida al Mar

 

Con motivo del retorno del péndulo de Foucault

Del suburbio original tengo vagos recuerdos. Allí los calendarios pesan más. La entrada regia de los buldossers se marcaban con la celebración del día de la Candelaria, 2 de febrero, como el primer dato a tomar en consideración, en un Boolean Array de fechas que terminaba en la celebración del día de San Juan, el 23 de julio. La ubicación era aleatoria a aquella tan tierna edad, como ahora a mis casi sesenta años la memoria.  Es decir, se nos dejaba imaginar que estábamos en algún lugar del Mar de China: Oceanía si eras francés, Macao si español y Bangladesh si anglosajón. Se nos invitaba a mantener en estricta reserva toda especulación en torno a la ubicación exacta de cada cual. Para moverme al suburbio definitivo, contaba con dos alternativas. Una de caracter narrativo, que es mi relación con María Noemí, mi maestra de inglés, y otra de carácter imaginario: una guagua como la Matraca de la serie de televisión Bad Boys.

Asi era La Matraca

Hacia 1979, este motivo imaginario que me permitía asirme a la realidad de que estaba en Puerto Rico, a parte de lo que nos proponía Ramos Otero, que estábamos en la Otra Isla, lo cambió levemente la Pianista Pascual con sus hijos con una guagua azul sin paneles de madera en la que la señora llevaba mis compañeros de escuela a sus casas. Aunque mi madre me traía y me llevaba en su Malibú, no debía perder de vista que podía acabar como los otros si no hacía mis asignaciones a tiempo o me enfrascaba en tórridos asuntos de faldas. El 21 de julio de 1981, encendí una fogata en la playa de Jobos acompañado por María, aunque era la primera vez que estaba en la zona sin hospedarme en el Resort, sino acampando con mi primo hermano Omar, que era vecino de la localidad,  en una alejada caseta de campaña. Bastó que desubicara dos días la fecha en que se marcaba el término del array de ese año, el día de San Juan, para que María me señalara que estaba cometiendo la imprudencia de llamarle la atención al satélite de clima. Eso me valió como pena separarme de ella por buen tiempo y verme obligado a sentarme unos minutos en la cajuela de la guagua mentada, en lo que María me tomaba una foto para solidarizarme con los que tenían que viajar de esa manera todos los días con ella

 

Enríquez y la Mentada

 

De los que la señora Pascual llevaba medio castigados en la cajuela de su guagua por las tardes, surgía un controvertido asunto, José  Raúl Enriquez. No hacía las asignaciones, pero era un lector voraz aunque selectivo. Lo que hacía La Pianista para quedar bien con los padres de Enríquez y con él, pese a tener que imponerle esa medida disciplinaria, era montarlo en la cajuela un tramo y bajarlo antes de dejarlo en su casa, para que llegara a pie la mitad del camino. Me parece que esta penalidad híbrida es el concepto que actualmente ilumina a los diseñadores del SRS en versión coreana. El reo puede despenalizarse si quiere, pero a riesgo de que le pase algo peor que ser sometido a una medida preventiva. El SRS, como es una tortura mediocre, además de poco pintoresca y digna de notar, es voluntaria como las más y de siempre que se puede agregar una persona de excepción que no se conoce bien a sí mismo.

 

Do you Love Somebody?

 Salida al Mar

 

Con motivo del retorno del péndulo de Foucault

Del suburbio original tengo vagos recuerdos. Allí los calendarios pesan más. La entrada regia de los buldossers se marcaban con la celebración del día de la Candelaria, 2 de febrero, como el primer dato a tomar en consideración, en un Boolean Array de fechas que terminaba en la celebración del día de San Juan, el 23 de julio. La ubicación era aleatoria a aquella tan tierna edad, como ahora a mis casi sesenta años la memoria.  Es decir, se nos dejaba imaginar que estábamos en algún lugar del Mar de China: Oceanía si eras francés, Macao si español y Bangladesh si anglosajón. Se nos invitaba a mantener en estricta reserva toda especulación en torno a la ubicación exacta de cada cual. Para moverme al suburbio definitivo, contaba con dos alternativas. Una de caracter narrativo, que es mi relación con María Noemí, mi maestra de inglés, y otra de carácter imaginario: una guagua como la Matraca de la serie de televisión Bad Boys.

Asi era La Matraca

Hacia 1979, este motivo imaginario que me permitía asirme a la realidad de que estaba en Puerto Rico, a parte de lo que nos proponía Ramos Otero, que estábamos en la Otra Isla, lo cambió levemente la Pianista Pascual con sus hijos con una guagua azul sin paneles de madera en la que la señora llevaba mis compañeros de escuela a sus casas. Aunque mi madre me traía y me llevaba en su Malibú, no debía perder de vista que podía acabar como los otros si no hacía mis asignaciones a tiempo o me enfrascaba en tórridos asuntos de faldas. El 21 de julio de 1981, encendí una fogata en la playa de Jobos acompañado por María, aunque era la primera vez que estaba en la zona sin hospedarme en el Resort, sino acampando con mi primo hermano Omar, que era vecino de la localidad,  en una alejada caseta de campaña. Bastó que desubicara dos días la fecha en que se marcaba el término del array de ese año, el día de San Juan, para que María me señalara que estaba cometiendo la imprudencia de llamarle la atención al satélite de clima. Eso me valió como pena separarme de ella por buen tiempo y verme obligado a sentarme unos minutos en la cajuela de la guagua mentada, en lo que María me tomaba una foto para solidarizarme con los que tenían que viajar de esa manera todos los días con ella

 

Enríquez y la Mentada

 

De los que la señora Pascual llevaba medio castigados en la cajuela de su guagua por las tardes, surgía un controvertido asunto, José  Raúl Enriquez. No hacía las asignaciones, pero era un lector voraz aunque selectivo. Lo que hacía La Pianista para quedar bien con los padres de Enríquez y con él, pese a tener que imponerle esa medida disciplinaria, era montarlo en la cajuela un tramo y bajarlo antes de dejarlo en su casa, para que llegara a pie la mitad del camino. Me parece que esta penalidad híbrida es el concepto que actualmente ilumina a los diseñadores del SRS en versión coreana. El reo puede despenalizarse si quiere, pero a riesgo de que le pase algo peor que ser sometido a una medida preventiva. El SRS, como es una tortura mediocre, además de poco pintoresca y digna de notar, es voluntaria como las más y de siempre que se puede agregar una persona de excepción que no se conoce bien a sí mismo.

 

Alguien como ella te diría mi lado Griego

 No me fue tan mal como tú crees, Amor Mío. El temor de quedarme sin Marianela puede ser… Sin embargo, lo que te cuenta Don Ernesto es algo exagerado, que ya muertos de nuevo y por querernos a ciegas, dice que vuelvo a la vida en Buenos Aires igual de cegato y con ella todavía a poco de admirada musa de pintor que acaso dice haberla matado por fallarme como lo promete Galdós. Que le hiciera algo más que lo que alega, no creo. Busca a una como mi tía que te informe mejor.

Te habla tu Viejo Maestro de Español

 Lo que se ve a simple vista a parte del Weather Satellite

 

-Para tí, que eras ducha mirando los jets de la Guardia Nacional.

 

Hará varios años mi abuela Hortensia Rodríguez Rivera, desde la calle Dr. Cueto en Utuado, en comunicación con mi abuelo Secundido Erba y a la vez con mi tío abuelo Gonzalo Piñero Bermudez, estuvieron de acuerdo en presentarme de la manera más sobria y equilibrada posible las opciones que tenía para definir el curso de mi vida. Se esperaría que mi abuela abogara por la que decían que era su religión, la de Allan Kardec, frente a la de mi abuelo, el pastor, que era la Fé Cristiana, con la opción que presentaba mi tío abuelo de moderar una razonable prudencia filosófica. La postura de mi tío abuelo me atrajo más porque es la que más consistentemente me ha dado toque. Los espiritistas y los cristianos no siempre están aquí. Claro, a través de parientes que me acompañaron toda la vida, el tío Gonzalo creo yo me conmovió más.

 

En vida no abría la boca. Simplemente al verme gritaba: iPepón! Nos conviene recordar al filósofo Parménides, según dicen el menos sentimental o el que menos opciones propone: Ser o no Ser. Te imaginas: Una caneca de Don Q o el Café Yaucono. Para el que no estaba, según me han contado, era cuestión de Live and let Live. Invitado al sepelio masón del tío Gonzalo, algo como ese reno que me acabas de retratar, ni blancas ni rojas, sus amigos con ramilletes de flores anaranjadas. El enigma de su vida, cada día más profundo, empezó justamente en ese momento en que de niño nada podía hacer frente a la Puerta Cerrada de una vida que no fue la mía. Sin embargo, hay extrañas flechas o road signs, como lo quieras ver, como el verso de Rimbaud: Find Hortense, en donde no te lo esperas; anoche, al verificar un alza de voltaje inexplicable, si la tendencia nos decía que sería una Noche Oscura más, como tantas otras aquí en San Juan, el RAM me indica que te has teñido de fogozo colorado el cabello. Sé que eres tú, pero pareces Otra. Interesado en saber y despierto gracias a tí.  Gracias.

 

2

 

Lo que has visto en video es fruto del azar. Una hilación pertinente es lo de menos. El sonido de un camión de helado me evoca decirte que no sé si justa o no su suerte, cierta muchacha que si la vez dirías más bien playera de las que reiteradamente usan esa marca de camiseta y sandalias, de moda más bien cuando firmaron el Salt, la encontró mi amigo Néstor Barreto arropada con la Monoestrellada de aquel y no de éste y fue acaso la primera mujer que reinstituyó la costumbre de patrocinar que el vendedor de helado se tenga en la estima que tuvo antes de que yo naciera. Me explican también que no era extraño el Servicio otorgado por la Sra. Pascual, que era pianista de concierto y que no veía con malos ojos la idea de enseñarme a tocar piano- ella me iba a enseñar-en la época de Los Tres Villalobos, que rebotó si lo deseas en La Pandilla más bien que en el revés de esa caricia madrileña, Menudo y el Sr. Edgardo. Llevar un ramillete de adolescentes a sus casas ya en mí época daba de qué hablar. A María la puso de mal humor como para estar trasbastidores y no cantar sus canciones. Buscó a Ian, que es franco-canadiense como el tío Iván, para que cantara a todos los cuatro vientos mi mala entrada en la sociedad, asmático no es como debes conocer al séquito de un poeta como Don Paco, por lo menos Anagilda no se enfermó cuando la llevaron a la presencia de Juan Ramón Jiménez, pero fue al entierro y yo no al del escritor que me aconsejó fuera presbiteriano mejor por lo menos un tiempo hasta que aparecieran los que se fueron.

 

Dónde ubicarme sin tu Cacharro

 

En una novela que fue hit en Río Piedras para la época en que Rosario Ferré publicó Excentric Neigborhoods, hay un personaje de la vida real que te puede dar una idea de dónde estoy en estos momentos. Walter Witshell es un periodista al parecer chismoso o acaso más que gritón que hablaba en la radio neoyorkina en 1942, que es cuando Los Estados Unidos se ocupan por primera vez de alinearse a Inglaterra en el conflicto europeo. El que oía hablar a Witchell por la radio sacar los trapos al sol de mil gentiles damas, a poco se daba cuenta del enervante detalle que supone verificar que las más de sus chismes eran mujeres que ya no estaban vivas. A la Monja Alférez, por alinearse con la Armada Invencible en 1615; a Nayda por dejar a Lili, su medio hermana, a los arbitrios del corsario Drake, hacia 1636. Molestaba más lo que hacía que cojer el toro por los cuernos y decir a quemarropa las que estaban con el Tercer Reich.  Eso no era tan malo como lo que hizo cierta disquera en 1973, al publicar entre otras canciones de infanteros, la de los ingleses en Crimea durante la Guerra de los Treinta Años: The Song of Tipperary. El scout master de la Tropa 256 de Arecibo nos la enseñó sin embargo a nosotros los de la riopedrense 311. A Chenty no le enseñó a cantar, pero a su hermana a componer y a quererme de lejitos, lo que es cosa de mérito para lo que me trajeron aquí. Al Eagle Scout Martínez lo dejó seguir con nosotros aunque hizo lo que la grabadora de Misión Imposible, autodestruirse como político luego de traer su importante mensaje a nosotros los puertorriqueños, cuando fingió portarse mal con la maestra que nos dio Marianela. El señorito que recupera la vista con una intervención quirúrgica descubre que su Lazarillo es fea aunque tiene salero y se entiende que prefiera optar por una Mujer Bella cuando recupere la Visión. Marianela podría cansarse de quererlo y al cabo lo puede dejar en la vía por su innegable atractivo de proletaria. Eso no me lo dejó explicar el cubano cuando trajeron a la vieja cordobesa con la historia del Ciego Marido de Irribarne. Ese si quieres en los brazos de una así, se quedó a oscuras.  

viernes, 1 de septiembre de 2023

Por si no te lo han contado

 El cuento de la Mano Manca

 

Cierto agricultor sembraba papas en una finca de su propiedad que además irrigaba él y no un empleado, lo que a todos sus allegados podía parecerles una actitud loable y digna de imitar.

 

Sin embargo, el Juez de Paz del pueblo al que estaba enganchada la finquita no pensaba lo mismo y se lo señaló con una inesperada citación en corte.

 

Afortunadamente, el sembrador de papas era persona atenta al qué dirán y fue a la citación por cumplir con el buen ver. El Juez, desde el Templete, le señaló el motivo por el que fuera emplazado.

 

-Sembrar papas, que era comida de miserables ayer,  es un lujo y dedicar tu finca y tus aptitudes sólo para hacer algo que a nadie le hace falta, no que esté mal, pero nos parece raro, jovencito. Hay quien podría pensar que es egoista tu actitud.

El joven agricultor escuchó lo que el Juez tenía a bien señalarle y como en realidad no era egoista de corazón, pensó que sí en la ocasión y tuvo la prudencia de irse a chequear con un cardiólogo ya que además de todo lo que hacía le dolía el pecho un montón.

 

El médico le toma la presión y la encuentra perfectamente normal, así que no es coronaria la raíz de su mal. Se queda mirando al joven arrocero con un poco de pena, pero al cabo sonríe.

 

-Debe ser de este tamaño- le dice a la vez que le muestra su hinchadísima Mano de Doctor.