La verdad es que nunca he sido un lector de novedades, pero siempre me entero de que hay libros nuevos. Dos que no he leído y que eran nuevos hace años son El perfume de Suskind y El código Da Vinci de Dan Brown. La novela de Humberto Eco El nombre de la rosa también era nueva hace treinta años. Es este último autor el que comenta que muchos libros son de segunda generación, lo que oscuramente quiere decir que no son narraciones directas o crónicas periodisticas, sino textos intensamente metafóricos. La aparente irracionalidad de algunos episodios de novela o el abigarrado capricho de las aventuras que narran muchas veces se explican con un set de metáforas que son parte de la tradición, como lo puede ser un molinero o un hombre serio que lleva sombrero. Los manuales constructivistas de Villarini aconsejan enfatizar en el sentido moral y familiar que tiene la experiencia que vivimos todos los seres humanos. Es verdad que el lado moral de nuestra experiencia permite comprender mejor la literatura, pues la tradición que conocemos es moralista. Sin el lado moral, la literatura parece capricho y desorden. Es verdad que no parece aconsejable decir que uno adquiere sentimientos morales con el propósito de entender mejor lo que leemos. Se tienen por sí mismos. Villarini se dirije principalmente a los maestros de niños, y es verdad que hay que ofrecer un incentivo a la hora de enseñar valores, no se enseñan a secas sin que el estudiante gane nada. Lo que para Eco es texto de segunda generación, parece algo vago sin el entendimiento que da la vida. Villarini habla de metacognición, algo vago también si no se vive como todo el mundo, con las mismas obligaciones que tenemos los seres humanos con nuestros semejantes.
miércoles, 31 de julio de 2019
Oradar orejas
A mi edad nada funciona. Acaba de salirme un barro en la cicatriz de la vacuna, aunque no me dio tan malo como otras veces en que me sale una terrible purulencia. Creo que es la menopausia, y el hecho de que como nunca conocí a mis padres biológicos, no conozco la experiencia de ellos cuando fueron viejos. Todo lo que me pasa es nuevo para mí. La caida de los dientes, por ejemplo, o las enfermedades de la piel de nuevo. No tengo con quien hablar sobre esto. Es la desventaja de no tener padres biológicos. He soñado de nuevo que mi madre biológica, desconocida, ponía un negocio de oradar orejas por el que me pagaba su nuevo novio. Me imagino que ella es medio gitana y que los varones se oraden las orejas se ha puesto de moda nuevamente. El novio de mi madre me sienta en una plataforma de madera para ofrecer esto, que como se ve no es exactamente un servicio. Oradar orejas no es ni bueno ni malo, es solamente una moda. Ahora veo que ciertas cosas que he escrito no debo salvarlas en la computadora y que es mejor imprimirlas para conservar un poco de privacidad. La gente se fija mucho en lo que escribo, pero no es tan malo ser humanista en realidad. Esto lo puedo salvar.
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