La verdad es que nunca he sido un lector de novedades, pero siempre me entero de que hay libros nuevos. Dos que no he leído y que eran nuevos hace años son El perfume de Suskind y El código Da Vinci de Dan Brown. La novela de Humberto Eco El nombre de la rosa también era nueva hace treinta años. Es este último autor el que comenta que muchos libros son de segunda generación, lo que oscuramente quiere decir que no son narraciones directas o crónicas periodisticas, sino textos intensamente metafóricos. La aparente irracionalidad de algunos episodios de novela o el abigarrado capricho de las aventuras que narran muchas veces se explican con un set de metáforas que son parte de la tradición, como lo puede ser un molinero o un hombre serio que lleva sombrero. Los manuales constructivistas de Villarini aconsejan enfatizar en el sentido moral y familiar que tiene la experiencia que vivimos todos los seres humanos. Es verdad que el lado moral de nuestra experiencia permite comprender mejor la literatura, pues la tradición que conocemos es moralista. Sin el lado moral, la literatura parece capricho y desorden. Es verdad que no parece aconsejable decir que uno adquiere sentimientos morales con el propósito de entender mejor lo que leemos. Se tienen por sí mismos. Villarini se dirije principalmente a los maestros de niños, y es verdad que hay que ofrecer un incentivo a la hora de enseñar valores, no se enseñan a secas sin que el estudiante gane nada. Lo que para Eco es texto de segunda generación, parece algo vago sin el entendimiento que da la vida. Villarini habla de metacognición, algo vago también si no se vive como todo el mundo, con las mismas obligaciones que tenemos los seres humanos con nuestros semejantes.
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