El libro Vuelo 19 de José Antonio Ponseti me evoca una serie de recuerdos que van más allá del asunto que el autor nos anuncia, que en su opinión es la primera historia sobre el Triángulo de las Bermudas. Mi padre me compraba modelos de plastico para armar de aviones de la Segunda Guerra Mundial, así que conozco bien los aviones de ese conflicto. Sin embargo, los que Ponseti menciona son de otra guerra. Los Avenger y los Training son de posguerra, vinieron luego y seguramente son aviones de tiempos de paz. La batalla que libra el autor español es muy personal. Quizá el olvido de esos años sea una de las gestas que libra. Si el libro fantástico y precioso que seguramente es Vuelo 19 nos invita a reflexionar sobre ese lado del Caribe que es territorio sin mapas, a mí me ha evocado algo muy personal que es mi infancia puertorriqueña. Todos los niños íbamos al Oeste de la isla donde se nos enseñaba sobre los bombarderos americanos y los cazas alemanes, que eran los más destacados de la guerra de Hitler. Para mí, la novela de Ponseti es una invitación a la paz y a la imaginación. No he podido leerla todavía, pero me recuerda una canción de Mecano sobre los exploradores noruegos de la Antártida que van por esa línea sentimental. Tengo una colección de cuentos de Michener que va por la línea de Ponseti también, la de evocar el Caribe imaginario y misterioso. Hasta el arte de la portada tiene ese aire de imaginación mezclada de olvido que me parece particularmente atractivo. Lo quiero mencionar porque me ha llamado la atención la cantidad de novelas buenas que se están publicando en España en la actualidad y que los puertorriqueños podemos ver solamente en el Viejo San Juan. En Río Piedras se enfatiza ahora el arte nacional y ese también es positivo. Pero a escritores como Ponseti solamente los podemos ver en el caso de la ciudad vieja.
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