martes, 31 de mayo de 2011

Textos Otros


   
        La temprana niñez le tocó a mi abuela paterna. Era una casa con un crucifijo de plástico blanco y con grandes alcobas. Había un gran televisor y estatuas haitianas en su habitación. En esa etapa de mi vida, que he olvidado casi por completo, mi papá tenía un remolque y un jeep "landcruiser" con el que enganchaba la casa rodante. Tenía entonces yo toda clase de primos. Algunos se quedaba en el remolque, otros no. Yo construía modelos armados de plástico. Tenía un tocadiscos pequeño también de plástico con un disco de todos los hits del año en que el petroleo subió de precio. Ese año también trajeron a los veteranos de Vietnam, y devolvieron a los prisioneros chinos a sus casas. Todavía no soñaba mucho. La vida era vaga, las asignaciones en la escuela muy largas. Me tocó copiar todo un pasaje sobre los habitantes de las islas polinesias que no he olvidado. La maestra de música nos enseñaba una canción en francés.
Frére Jaques, frére Jaques
Dormez vous? dormez vous?
Sonnez le matineé, sonnez le matineé
Bim Bam Bum
Bim Bam Bum
        El Hermano Juan hace sonar el reloj despertador. En camino a la escuela, la secretaria de la escuela de la que me habían sacado hacía un programa de radio con un cómico.
      "Hola, es Aurorita, en su alegre despertar. Son las ocho de la mañana en su alegre despertar"
      A parte de lo cual, no recuerdo otra cosa. Los grandes prados verdes, los anchurosos cañaverales. La carretera Número Dos, pues no existía la autopista. Las idas a la playa. Me sentía como una vaca, algo pesado. No soñaba con la muchacha. La muchacha con la que sueño hoy en día no existía. La veo solamente en sueños. Ella dice en sueños que mi madre no puede seguir viviendo conmigo.
      "¿Por qué no?"- le pregunto.
       Te tocaba hacer una asignación parecida a aquella. Copiar todo un pasaje sobre los polinesios. Pero en este caso, escribir una historia corta, algo breve. Ya ni me acuerdo de qué.
 

domingo, 29 de mayo de 2011

Los textos de este blog

Los textos que he ido publicando en este blog no han aparecido en ninguna otra parte, y he aprovechado que no son quizás los más queridos para darles alguna existencia en la red, si bien es verdad que son algo pesados. Mi cuento "El tocadiscos de aguja" ha tenido alguna suerte con Rafael Acevedo, Mayra Santos y la Universidad de Puerto Rico. Nunca imaginé que correría tan largas millas. Aquí, sin embargo, publico lo que no ha llegado ni a primera base, por si acaso alguien tuviera piedad y los quisiera leer.

El amigo de Leyla

 
 
      Puede ser que todo esto no me haya pasado a mí, pero basta que lo recuerde como algo propio para que haga el esfuerzo de contar la historia. Supuestamente todo pasó en la temprana infancia. Parece que todo pasa en ese momento. Yo realmente no me acuerdo de mi infancia, pero la sustituyo por la de Pepe. Pepe, que es mi amigo, y que siempre me cuenta historias, sufrió, me dice, una injusticia. Lo sacaron de una escuela muy buena porque una niña lo acusó de tocarle sus partes íntimas. He interrogado a mi amigo sobre este detalle, ya que por haber visto que es tan buen estudiante, no me parece verdad que le haya pasado algo así. Pero justificar de alguna manera el cambio de escuela es lo que él desea contar, y no quizá el hecho de no poder pagarla. Eso le ha sucedido hace poco, que aunque es buen estudiante, no ha podido pagar estudios superiores. Y entonces él me ha dicho que lo han rechazado por mostrar ideas radicales, pero en realidad es que no tiene dinero y no promete tampoco algo especial. No obstante, la historia de la niña me interesa, ya que para Pepe se ha vuelto una obsesión contarla, y yo lo he dejado hacer esto en las tardes perdidas, cuando nos reunimos en el polvo de la librería y mi actual novia nos acompaña.
      La historia en realidad empieza durante un viaje que Pepe hiciera para ver la representación de sus cuentos. El actor es un doctor en medicina que Pepe dice recordar de otra época menos vaga que la actual. Programador acaso de computadoras, y que estudió medicina después, según explica, por tradición familiar. Pero como a Pepe lo han tratado por esquizofrenia, en realidad no sabe si el actor es un enviado para seguir adelante con su tratamiento. De cualquier manera, y muy aquiescentemente, ha permitido que el actor represente unos cuentos en los que Pepe hace crítica de los siquiatras. Muy solícitamente, el doctor ha representado los cuentos y Pepe, agradecido, ha vivido una nueva aventura y ha accedido a ver la representación. Ya se ha quedado en la casa del actor un año antes, pero ahora, en este segundo viaje a la casa del actor, ha venido un arqueólogo para llevarlo a la casa del actor. Es justamente la muchacha que el dice recordar como la responsable de la acusación en la niñez, la compañera de trabajo del arqueólogo que ha venido a buscarlo. Una historia que originalmente no creo yo ser cierta, la de que se le acusó por tocar las partes íntimas de la muchacha, empieza a cobrar crédito entre los asociados de Pepe. Y esto debe ser porque nadie quiere que se crea que Pepe es pobre y no puede pagar sus estudios.
      De cualquier modo, accedo a llegar a la representación también, como uno de los admiradores de Pepe, y cuando me lo encuentro me cuenta que todo el camino, el arqueólogo ha venido interrogándole sobre Leyla, que es la muchacha que supuestamente lo acusó de niño. No se suceden grandes incidentes, durante la representación, salvo que al salir de la escena me encuentro con una mujer rubia muy parecida a Leyla, aunque viene acompañada por dos hermanos gemelos. Curioso porque en la obra de Pepe el gemelismo es uno de los temas predilectos. Pero tan complicado me parece todo lo que sucede, que me quiero retirar, sobre todo porque alguno de los asistentes a la obra teatral han creído quie Pepe soy yo, que soy simplemente su amigo.
      Todo sucede, como digo, justamente cuando termina de representarse “Los enfermos del Dr. Clemencia Batista”, que trata sobre dos hermanas gemelas y un siquiatra que las contrata para curar a sus pacientes. En el cuento original, Pepe critica al siquiatra por estas medidas. El actor, que como ya dije es médico, no ha podido conseguir a dos hermanas gemelas para hacer el elenco, pero le ha mandado a hacer una reproducción exacta de la cabeza de una de las actrices, para que haga como pueda el papel de las gemelas. Lo que sí noto que ha podido hacer el doctor es traer a una muchacha que se llama Leyla, con dos hermanos gemelos. En muchos de sus cuentos, Pepe nos relata de cómo variedad de médicos lo ha tratado con gemelos para curarlo de sus obsesiones. Pero el amor que le tiene este médico que solo ha venido a trabajar como actor es realmente extraordinario.
      Pepe está bien tranquilo porque lo han estado tratando al aire libre con toda esa gente prtesente, y yo he aprovechado para que me cuente lo que le ha pasado en el camino con el arqueólogo. Según me dice, ha venido todo el camino hablando de Leyla, la muchacha que supuestamente lo acusó de hacerle cosas indebidas. Yo realmente no he podido corroborar si la historia es cierta. Lo que Pepe dice es que la actual Leyla es una especie de agente, algo así como una representante de la verdadera Leyla, que se ha quedado en el país como persona que le desea bien a nuestro amigo. Aunque la historia me parece descabellada, porque no creo que ninguna mujer se ocuparía de dejarle tan buena impresión a una persona pobre como Pepe, he tenido ocasión de corroborar que en efecto, entre el público que asiste a la obra, estaba una mujer de nombre Leyla acompañada por dos hermanos gemelos.
       He tenido ocasión de consultar a Pepe sobre este incidente, que lacónicamente me ha hecho ver que quizá lo que él me cuenta es verdad. Lo que sí es cierto es que algunas figuras de la prensa, estudiantes de otra época que estudiaron con nosotros, me preguntaron, como si Pepe fuera yo, cómo me sentía ahora que los cuentos se habían llevado al teatro. Como continuamente se me confunde con él, muchas veces soy yo quien hace los cuentos y las declaraciones públicas. Aprovecho que soy vendedor de artículos promocionales, y que no me va mal en el negocio, para hacer el papel de Pepe, que se encuentra, como ya dije, postrado por la enfermedad.
      Imaginario o no su mal, me he concentrado en los detalles del viaje. Al parecer, la representante que Leyla ha dejado en el país para mostrarle buena voluntad a Pepe, ya no puede seguir viviendo con nosotros. La mujer que acusó a Pepe cuando era niña ya no puede pagarle a la representante, que ha venido a la obra de teatro para despedirse de nosotros. En el viaje, Pepe seguramente ha hablado con el actual amigo de la representante, quien fue la muchacha que estudió con nosotros. Yo puedo dar fe de que es verdad que con nosotros andaba una rubia de nombre Leyla, que no era la misma persona que acusó o no a Pepe en la escuela, y que ella siempre nos hizo compañía hasta hace poco que se representaron los cuentos. Pepe alega que el actor también es un amigo de aquella época, pero mi memoria no me da para tanto, y realmente yo no he podido corroborar que el actor, que como ya dije es médico, haya querido estar con nosotros hasta ahora. En el viaje, Pepe se ha despedido del amigo de la representante de Leyla. Según él me cuenta, han venido hablando de la literatura que se enseña en las universidades más pobres, que es la argentina. En las universidades más ricas se enseña la literatura del Caribe. El arqueólogo ha podido soportar la perorata de Pepe sobre “El matadero” y “La cautiva”, los textos de Echeverría, y todo lo que ha podido conseguir sacar a la luz es que el amigo de la representante de Leyla también estudió en una universidad pobre.
       Lo que Pepe me cuenta es que un extraño deja vu lo invadió mientras venía en el carro con el amigo de la representante. La conciencia quizá definitiva de que no podría conocer ni recordar a la verdadera Leyla, a la que dejó de ver porque sus padres ya no podían pagar la escuela en la que estaban, y esta extraña y cruel idea que surgió luego de todo, la supuesta acusación de ella. Probablemente sí es verdad que alguna lo acusó de tocarla, pero no Leyla precisamente, quien fue la que amablemente dejó a su representante con nosotros. Pensando que habría que pedirle excusdas a Leyla, que tan amablemente ha dejado a una amiga con nosotros, he querido escribir este cuento para explicarle que no estamos seguros de quien fue que acusó a Pepe de tocarla. Que eso le trajo muchos problemas en la segunda escuela, que era más pobre, aunque yo con los años he logrado hacerme amigo de los directivos de la segunda escuela para que a Pepe no se le tenga por loco y pobre siempre.

Marido Perdido en Inglés


The lost husband

      I must have thanked God when my mother answered the phone to tell the lady that I never was a detective. It must have been a joke, but I was lonely and jobless, seeking out a living, when I sent an ad to the local newspaper to advertise me as a detective. Living with my mother never was a paradise, but when I realized the fact that the lives of my friends were not different with their spouses, I decided to do something. Other persons were expecting me to do something about that, so I got the ad though I was not trained nor had any experience at the job.
      The first call came a Monday, when this lady called asking for my services. Her husband had disappeared, and she wanted someone to find him. My mother told her that the ad was a joke.
      -My son is a poor middle aged man who did never married, miss- she told her. –He sent that ad to the newspaper as a joke. He really doesn’t wants to find your husband.
      Anyway, my mother gave me the lady’s address to find out and I found myself in this barren Santa Rita house. My possible client was a very old lady. I looked at her, which had little chicken bruises in her legs, and thought she must probably have been senile, but anyway I decided to interview her.
      -You told my mother your husband is lost. I can help you to find him.
She looked at me with a barren glance and resolutely answered.
       -Yes. But your mother told me you are not a detective. You have advertised your services a joke.
      -Nevertheless, I can help you. What happened to your husband?
      -It’s a long tale- she said.
      -Tell me the story-
      -Well, young man. I met him on a strike. Men and women need much water to get along, but a strike is just too much. He got almost drowned.
      -Fine- I said. –You do not know where he is today.
      -No- she said. –We do not get along today.
      -I need to use the bathroom- I said. –Can you tell me where to go.
      -Just open one of the doors- she said. –You will find out.
      One of the doors was closed. The next one was the bathroom door. When I finished, I found the lady in the porch. I waved her goodbye.
      In the afternoon, I got to my mother’s house. The mystery was solved partially, but I had to act fast. I got an old suit from my grandfather, who gave it to me as his only heredity.
     -Surely it suits him also- I told myself.
     I got to my client’s house as soon as possible. I got to one of the windows which coincided with the inside closed door.
     -Dad. Are you asleep?- I asked.
     A whispering voice came from the inside.
    -It must be a mistake- he said. –You are not my son.
    -I brought you a suit, Dad- I told him. –I know you are not getting along with the lady. So, please dress yourself.
    -Who are you?- he asked. What are you doing?
    -Get dressed- I said. –I sent an ad to the newspaper. She told mom her husband was lost.

La polilla


 
       Estaba pensando qué escribir y por ello me puse a revisar mis libros viejos. Mi madre me había mandado a la casa de una dentista que quería salir de un librero y yo se lo compré por unos dólares. En ese librero puse mis libros académicos, y dejé los libros sentimentales en un desván que construyó mi padre antes de que falleciera. Cuando me puse a revisar el desván, encontré que la polilla se estaba comiendo todo. Temiendo que fuera a perder la memoria de mi juventud, y los anhelos del escritor que quise ser y no pude ser, le escribí a mis amigos de Facebook para darles la alarma. El resultado de esta aventura es una serie de textos sobre la polilla y sobre el paso del tiempo, que no creo que sean nuevos, pero ahí están.
I
      Mientras redacto esta nota, he vuelto a mi habitación y he encontrado que la polilla se ha comido una parte sustacial de mi biblioteca. Empezaron con una tablilla de madera y ahí perdí a Lezama. Luego entraron en el closet y lo perdí casi todo, casi doscientos libros, en menos de unas semanas. Logré salvar lo que puse en un mueble de pichipén, ya que no comen pichipén. Ya no me importa nada. Me preocupaba perderlo todo, pero estoy harto de bregar con la polilla. Lo he usado todo, el líquido para eliminarlas que venden en Home Depot. Bueno... Todo... Todo... Es increible. Suerte que ya no me importa. Esto sucedió porque una prima mía que se quería quedar con la casa trajo a unos obreros para levantar el techado. Dispersaron huevos de polilla por toda la habitación, por eso es imposible salvar los libros, ya que están todos impregnados de huevos. Sólo lo que guardaba en el mueble se salvó. Si no quieren perder sus libros, cásense con sus primas.
II
 
      La polilla es la colonia del comején. Su piel transparente y el modo de reproducción es distinto. Por esa razón, el insecticida no elimina la colonia y hace imposible rescatar los materiales en donde ya se han puesto huevos. Los huevos, por supuesto, son microscópicos. Algunos, debido al calor, desarrollan una coraza durísima que parece de piedra. Huevos así de duros salieron de los techados de mi casa y se dispersaron por toda la habitación. En cosa de nada, sin comunicación alguna con el exterior, nacieron en el desván y en los libreros de madera y establecieron rápidamente una red de comunicación con lo que está arriba. Cuando ocasionalmente pude ver un libro salvado de la polilla, con uno o dos surcos, jamás imaginé que eran tan rápidas y destructivas. Para eliminarlo todo habría que acabar también con la nación del comején. Los expertos en la materia incluso dicen que es inutil fumigar una casa completa, considerando que las otras casas tienen cada una su colonia. La nación está debajo de la tierra y su tamaño es colosal. Lo increible es que no se metieran en la casa durante casi cuarenta años. Alzar los techos del pasillo supuso una seria amenaza. Habría que llevar la situación política al estado en que estuvo esta casa durante cuarenta años. Cosa imposible, porque no se puede restaurar a mi padre. El regimen cambió. Sin duda tienen que haber notado la ausencia de dos de los organismos. Pero cuando se trató de limpiar, tomaron represalia rápidamente.
III
      Es interesante lo que evoca la polilla. Yo había tenido libros apolillados, pero nunca las había visto. Se transparentan con la luz, y se nota que se reproducen por partenogénesis, ya que no puedo localizarlas cuando he fumigado el tablillero. Quizá pueden desaparecer del primer tablillero, que está a más de veinte pies de la otra localidad en donde aparecieron por primera vez. Pensé que no debía botar los libros, pero la cantidad de animales que apareció es sorprendente. Eran miles de insectos, lo que le dio a pensar a mi madre que era comején. Pero no es tal cosa. Tomaré, como es natural, lo que sobreviva. Ya ni me atrevo a meter las manos en el tablillero por la cantidad de animales que han aparecido. Yo supongo que en algún momento van a desaparecer. He logrado, no obstante, salvar lo que tenía en el mueble de madera prensada. Libros nuevos han sufrido el ataque. Los traté de poner a salvo y no hubo manera de bregar. El insecticida no garantiza nada, ya que aparecen de nuevo en otra localidad. Pero por lo menos, si es madera prensada no tocan los libros. Suben por las paredes, hacen caminos. Si bien es verdad que estaban en el ambiente, que salieron cuando se levantó el techado. Salvé una novela de Maturin porque estaba en carpeta dura. Si el libro se ha hecho en papel ecológico, olvídalo. El libro que lo resiste tiene una concentración elevada de ácidos. Perdí casi todo lo que guardaba desde la escuela superior. Unos cuadernos en fotocopia del Departamento de Literatura se salvaron porque los encontré a tiempo, pero también acaban con el plástico.
IV
      Durante cuarenta años, la polilla incubó en el techado de mi casa. Es increible pensar que duraran tanto tiempo sin nacer, esperando su momento. Los cambios en mi casason grandes desde la muerte de mi padre. Hubo un gran intervalo en mi familia, cuando nos mudamos a esta casa. Ya mi padre no ordenaba la fiambrera de Valenciano, y sus estrechas relaciones con Oliver Exterminating tampoco progresaban. Nunca fuimos buenos exterminadores de insectos. Hector Cruz, que fue el exterminador contratado por mi madre, y que me compra artículos promocionales, pensaba que yo cojía cupones de alimentos porque me veía muy gordo y sin trabajo. Porque nunca fui buen exterminador. Quería ser escritor de ciencia ficción, no exterminador de insectos. Desarrollé un estilo excesivamente ampuloso, una retórica grande e imperial. Pero nada. En el negocio no me iba bien. Nunca tuve un contacto directo con los insectos hasta que atacaron mi biblioteca. La aburrida tarea de eliminarlos me tenía molesto, pero empecé casi enseguida. Primero leí la retórica de Oliver Exterminating, mi competidor más grande. Los de Oliver eran mis grandes maestros, los admiraba. Ellos decían que no valía la pena fumigar una casa que incubó polilla desde tiempos anteriores, en que reinó el comején en los campos. Nada podía hacer. Empecé a comunicarme con estos amigos míos, bibliotecarios y maestros, que me daban innumerables consejos.
V
      Entonces pensé que debía ser escritor. Si... Escritor a secas, artista. Escribiría un cuento largo y tedioso sobre la polilla y sobre la destrucción que causa en la Humanidad. En gran estilo. Con ambición. No tardaría en ganar, ganar... Eso sería lo mío. Mi madre estaba tan contenta con mi decisión de hacerme escritor que mandó a buscar a un ebanista para hacerle un mueble a la medida para el televisor. No pensó en la polilla ni en nada. Luego vino un plomero que le dijo a mi madre que tenía ocho biznietos. La abulia de la vida me llevó a pensar que el mueble también iba a desaparecer. Todo... Todo... Los muebles, las sillas, no quedará nada. Pero en primer lugar los libros. Así que llamé por teléfono a la competencia, a Oliver. Ellos me explicaron lo que ya sabía, que una incubación de cuartenta años no debía tomarse a la ligera. Los huevos de comején habían vegetado ahí una eternidad. Habían vivido más tiempo que mis perros. Y con tal de nacer, cuando dispersaron los techados, no quedó uno. Me maravilló que duraran tan poco tiempo bajo la forma de un comején sin alas, una triste imagen de animal que pudo haber sido y no fue. Y como es natural pensé en mí. Yo era sí. Si tú quieres, no más quiere algo.
VI
      Pensando que tal vez salvara los mejores libros, volví a conversar con mis amigos. Me sorprendió la indiferencia con que me trataron esta vez. Un mensaje o dos en Facebook, pues bien. Lo contestan, lo comentan. Pero ya empieza a ponerse pesado Pepe, ya quiere hacer literatura. Sí... Como soy exterminador de insectos, se puede imaginar que no me quieran. Pronto desaparecen los mensajes. Y lo que importa es salvar los libros. ¿Qué no los piensas salvar? Los vas a dejar así. Si son tus libros, debieras quererlos. Son recuerdos de tus amigos, son cosas sentimentales. Algunos en el desván del olvido, donde nunca encontraré de nuevo los recuerdos. Porque tenía esa manía de ser escritor serio. Y entonces nada. Pasaron veinte años. Me quedé sin libros. Seguí escribiendo, eso sí es verdad, pero lo había olvidado todo. La gente se molestaba conmigo porque seguía con esa manía de tomar notas. Empecé a resultar pesado, gordo, difícil. No le caía bien a la gente, me sacaban de los centros comerciales. Tan buena vida que puedes hacer. Olvida a esa gente. Su profesión, su gentilicio. Mira a ver si Valenciano tiene la fiambrera, esa era la salvación de tu padre cuando lo odiaba la gente. Pero nada así. Se me fue la memoria, no me acordaba de nada.
 
 

      Es curioso que se hayan calmado. Repentinamente dejaron los libros y se retiraron al plafón. Decidí no fumigar, y se ha calmado la situación al punto de que no creo que tenga que botar los libros. Respetan la carpeta dura. El papel blando moderno, sin ácidos, es su blanco principal. Carlos Roberto, dile adiós a tus libros, son sus preferidos. Los dos libros nuevos de Ana María Fuster, uno dedicado, ya son libros viejos que no podré vender. Me tomó todo por sorpresa, nunca creí que atacaran el desván. El desván lo construyó mi papá, poco antes de que falleciera. Por razones sentimentales, no puedo eliminarlo. Lo tengo que dejar como está. Puse la caja del plato a salvo, pues comen plástico y el plato es de plástico. Se lo comerían. Así que tuve que mover el plato al cuarto en donde trabajo, que curiosamente no les interesa. La habitación donde descanso es el blanco principal de la colonia. ¿No les suena familiar con tanto hotel y tanta playa? El taller no les interesa, y el plato va para el taller. Por lo demás, se han retirado momentáneamente. Recuperé mi interés en la Literatura Comparada. Los casos ficticios de la profesora Rabell, la fotocopia de la poética, los cuadernos negros. Las novelas que ella me dio las perdí. También las fotocopias de Sexo y Literatura. Bueno... No las boté, las dejé sin tocar. Puede ser que estén legibles después de todo.

sábado, 28 de mayo de 2011

La novia del actor

      Hace muchos años, la novia de un actor con el que hice una obra de teatro me llamó por teléfono para saber de mí. Yo había hecho para él un cuento breve de nueve páginas que se había perdido. La obra trataba sobre Charles Darwin, el fundador de la teoría de la evolución, que en los últimos años de su vida se mudó a la ciudad de Londres con una perra terrier blanca. La perra se le había muerto a Darwin, que en aquel entonces estaba solo, y dio la curiosa coincidencia de que en los días en que se le murió la perrita, la reina de Inglaterra lo condecoró con un título nobiliario. La redacción de mi cuento, no obstante, era típica de una época posromántica que tuvo Puerto Rico, y la escribí dando a entender que la reina inglesa estaba contenta porque ya Darwin salía del último recuerdo de su esposa, que era la perrita, para encontrarse finalmente condecorado por una mujer muy guapa. Lo cierto es que la obra, a pesar de todo, pasó al olvido como tantas otras obras que escribí. La gente que llevé al teatro para verla no me quería mucho tampoco. Pero yo no lo tomé a mal. El actor, por su parte, se encontraba en una situación sentimental muy parecida a la mía. La gente tampoco lo quería mucho por las representaciones de locos y drogados que él hacía, si bien es cierto que había alcanzado un gran renombre en los medios académicos.
      La primera obra literaria que yo leí por mi cuenta, no asignada por los maestros, fue una que él hizo, ya que escuchaba hablar de su interpretación del papel de veterano de Vietnam. Nunca pensé que haría un cuento, años más tarde, que él llevaría a la escena. La obra de Darwin no era mala, pero duró poco tiempo en la cartelera y recibió, como era de esperarse, duras censuras de parte de los críticos teatrales. Muchos la olvidaron, excepto la madre de mi hijo, que la fue a ver por su cuenta. Ahora años después, quince años después, una joven que era su novia me estaba llamando por teléfono para preguntarme si tenía cuentos nuevos. Por lo menos pensaba que la animosidad que despertaban sus interpretaciones había pasado, y que mi intervención con una obrita liviana seguramente le sirvió de alivio en las duras noches de aquella época. Le envié a mi amigo varios cuentos de embriología médica, ya que la obra de teatro me llevó a terminar el trabajo de mi hijo, que nació por injerto. Mi juventud terminó cuando hice esa obra. Nunca volví a escribir tan livianamente, ni me encontré tan odiado como en aquel entonces. Mi amigo, el actor, me estaba llevando de nuevo a aquel mundo que nunca me amó, para volver a las tablas ahora con un actor más joven.
      Con el joven actor me fue igual que con el ahora viejo actor. Los actores son personas impetuosas, como los editores, y uno pronto ve que la obra, cualquier obra escrita con cualquier idea, toma un rumbo ignorado. El cuento que sea hace un viaje sin regreso, casi no se vuelve a escuchar nada de esa historia que uno escribió y solo de manera indirecta, el autor se entera de que ha llegado a donde tenía que llegar. Mi viejo libro de cuentos posrománticos los hizo casi todos el joven actor. Casi todos trataban sobre el tema de la medicina, y daba la coincidencia de que el actor joven también había estudiado medicina. En esta ocasión mi condición congénita era motivo de interés, ya que el actor era hijo de una cirujana que operaba mi condición. El joven, que además también era cuentista, escribió un libro sobre mi condición congénita y me solicitó que escribiera uno mío, sobre el mismo tema. Pronto vi reseñado el libro del joven. Cuando, repentinamente, la novia del primer amigo me llamó para decirme que todo había terminado. Una editorial infantil había escojido uno de los cuentos que le mandé al actor que hizo el papel del biólogo con su perrita muerta. Nunca supe que fue lo que ocurrió. Mi nuevo cuento trataba de otro tema, la física. La etapa del biólogo Darwin había, para bien o para mal, terminado para siempre.
      Nunca olvidaré los últimos minutos de esa etapa de mi vida. El actor me envió un e-mail, cosa que en nuestra época nunca habría sido posible, ya que todos los manuscritos se entregaban a la mano de la persona. La obra de la perrita seguía perdida. El original, que yo recuerdo todo adornado por los dibujos de las actrices, ya no aparecía en ninguna parte. El e-mail era un mundo nuevo, el actor tenía novia y yo era papá. Lo que aquel mundo pudo ser, quizá nunca fue y sobrevino otro mundo, el de la física. Mi hijo, de hecho, deseaba ser físico. Los últimos momentos de mi vida de biólogo terminan, cuando luego del e-mail del actor, me llama la novia para darme la noticia de que mis cuentos de biología corren la misma suerte que el cuento de la perra. Desaparecen, no encuentran respuesta. Los hacemos en escena, pero ya nadie dice nada. Entonces, sencillamente, la muchacha me mandó un viejo contrato de publicación. Yo se lo volví a mandar por fax firmado. Acepté que publicaran el cuento de física y que olvidaran el cuento de la perra. Así terminó toda una etapa de mi vida.

viernes, 27 de mayo de 2011

Los veranos de Isabela

       Tengo en planes escribir una novela sobre mis veranos en el pueblo de Isabela. Para ello he diseñado este blog, quizá con la idea de ir reuniendo materiales para redactar el texto. En mis reuniones con el poeta Edgardo Nieves Mieles, he notado la necesidad de escribir una novela sobre las cosas que le daban razón de ser a mi generación. Entre otras cosas, la Reforma política era de fuerza. Claro, que mis experiencias con la Reforma datan de 1984, cuando me casé con la representante de una de las muchachas con las que pasaba mis veranos. No sé en qué medida las nuevas generaciones están familiarizadas con la política reformista. No quiero resultar pesado, pero creo que mi nueva novela va a tratar de ese tema. Creo que para aliviar la cosa tengo que hacer este blog y proceder a ratos. Mis comentarios serán breves, de acuerdo a las respuestas que reciba de mis lectores.

Afectuosamente 

Pepe Liboy

Textos para presentar a Li Nieves

Ambientalismo en el primer libro de Li Nieves

          El ambientalismo en el contexto caribeño ya lo podemos ver en el mundo francés y el inglés, en obras tales como Gobernantes del Rocío o In the Castle of my Skin, ambas obras de lo que antes se conocía como la negritud, pero que ahora aplican a un ecosistema no necesariamente limitado a las razas. Las obras anteriores dan cuenta de un mito relacionado a las lluvias y los poetas, que Roumain y Lamming utilizan para entrar en la discusión sobre el medioambiente. En ellas los poetas son agentes del rocío y de la lluvia, y sobre ese mito giran las narraciones. La obra de la joven escritora Li Nieves vuelve a examinar el mito de las lluvias, utilizando a veces la intertextualidad con otros autores contemporáneos de ella, pero siempre con objeto de ver el mito a la luz de las ciencias naturales que más se estudian en la actualidad, las llamadas ciencias terrestres o de la tierra. Li nos habla en sus cuentos de la hidrología, con la intensión de experimentar los límites del mito ese mito caribeño de los años Cincuenta. La generalidad de este mito llega a ser tan importante en la tradición caribeña, que las grandes revistas literarias de los Cincuenta fueron después compañías privadas de agua potable. Doy el caso de Bim, que eventualmente se unió a los proyectos hidrológicos de Trinidad, y que son actividades ambientales bien conocidas en todas las islas del Caribe, aunque aquí en Puerto Rico se note menos. La sencillez de estos proyectos contemplaban la manufactura de bebidas carbonatadas entre otras cosas. Uno de los refrescos de esos proyectos llevaba el nombre Bim, por la simpatía de sus editores con los proyectos hidrológicos.
        La obra de Li Nieves está en el paso del mito a las actividades científicas. Su cuento sobre los trenes todavía es de raigambre americana, y más cercano a la embriología, pero los otros empiezan a narrar las historias de los poetas, para ver hasta qué medida es cierto que los escritores tienen algo que ver con la actividad hidrológica. Ya en la obra se Li se sugiere tomar medidas sobre la caída de la lluvia. También para ella es importante examinar las carestías en relación a la hidrología. En libros tales como Science and Nature Writing, se habla mucho de las ciencias terrestres que ahora ocupan a Li. No siempre estos temas fueron importantes en la tradición puertorriqueña precísamente, hasta ahora que nuestra escritora empezó a darle importancia.
        Otro cuento importante del libro es el que narra la historia de unos inversionistas que saben tocar el piano. Interesante porque aquí en Puerto Rico los hubo anteriormente, y no son precísamente raros. Tomar en consideración la obra de Felisberto Hernández sobre su piano y sobre las haciendas en las que su familia había invertido capitales, para que la pequeña viñeta de Lí cobre vida. En el cuento, el piano es una manera de hacer la ciudad, de la misma forma en que existe la geografía de una ciudad fantasma.

Cuentos Nuevos

         Cuando tenía un año más o menos, mi tío vino a visitarme con su Volkswagen rojo. Mi papá había tenido un Volkswagen negro, y luego un Chevy negro, pero luego ya no me fijé en los carros. No obstante, cuando cumplí los dieciocho años, y empecé mis estudios en literatura, mi papá me regaló un Volkswagen rojo que pintamos de blanco. No hacía poco me habían robado un Mazda rojo con el que iba a la Universidad. Mi vida estaba empezando a cambiar. En mis estudios iba bien, pero ya no veía claro las cosas de mi vida. Esperaba que al terminar mis estudios, lograría aclarar un poco lo que me pasaba. De hecho, he leído que todo depende de lo que uno crea. Si uno se comporta de acuerdo a sus creencias, uno se porta bien. Bastará que los demás sepan en qué cree uno para que se pueda convivir.  
        Poco después de que mi papá me regalara el Volkswagen, una muchacha me pidió que me casara con ella. Quería primero convivir conmigo, para probar a ver cómo nos iba. En realidad, nada estaba muy claro, salvo que tenía ganas de escribir. Con los maestros me había ido bien en la escuela. Es decir, no era un mal estudiante, aunque tampoco estaba seguro de que yo fuera realmente bueno. No habría importado gran cosa que no lo fuera. No obstante, seguía estudiando lo que me daban en la Universidad. Durante un tiempo pude leer algunas cosas. Las novelas, de admirables que me parecían, empezaron a resultarme realmente vagas. Cuando los profesores preguntaban si lo que leíamos tenía sentido, yo a veces decía que sí. Podía escribir una larga parrafada absurda acaso, pero bastaba la intención de aclarar las ideas. Podía contestar quién era la reina Isabel de Inglaterra, o recitar cualquier texto. Recordaba, de hecho, que algunos maestros para ser creativos viraban las cosas al revés. Decían que Ana era la madre de Isabel, cuando en realidad era la madre de Felipe. Y la madre de Isabel, la de Felipe. Años más tarde supe que en el cine dicen que Ana Bolena era la madre de Isabel.
           Muy pronto nada quedaba en claro. No sabía en lo que iba a trabajar en el futuro y nunca me habría imaginado que iba a terminar vendiendo calendarios. No sabía por qué unos sí y otros no. Buscando en los libros no encontraba gran cosa. Fue entonces cuando apareció una muchacha que usaba el nombre de otra que yo habia conocido en la infancia. Aparentemente, la otra me había acusado falsamente en la escuela, y ello había sido el motivo principal por el cual estaba estudiando en una escuela especial. Puede ser que el desánimo no me llevara a defenderme. La cuestión es que ahora, en la Universidad, estaba conmigo una muchacha que usaba el nombre de la que me había acusado. Me decía que tenía el pelo malo, que por ello no me aceptaba la que me había acusado. Una barrera que parecía boba, no me permitía avanzar más allá.
          Iba mucho en el Volkswagen a Humacao con mi novia. Una vez se tapó el carburador y le pusimos una media para filtrar el aire. Lo vendí en Caguas por seiscientos dólares. Traté de escribir un cuento largo sobre este tema, pero no despertó ningún interés en mis lectores. Muchas veces me metí debajo del carro para cambiarle el cable de la transmisión. Publiqué un amasijo de textos sobre el Volkswagen blanco en la red electrónica, pero pronto desaparecieron ese y todos los textos publicados en la red. Siento que la vida sigue siendo vaga para mí. Me siento como mi primo hermano. Todo el tiempo dicen que está desempleado, que no tiene dinero para pagar sus cosas, que no trabaja, cuando yo sé que es una excelente persona. Iba mucho con él a la playa de Isabela a ver a Noemí, una muchacha por la que mi padre pagaba cuatrocientos dólares todos los años, para que pudiéramos decir que teníamos una pariente bonita en mi familia paterna. En mi familia materna no hay problema, todas son bonitas. Pero en la familia paterna es que tenemos que buscar a una prima que esté bien, si nos queremos casar. Le pasa eso a todas mis primas paternas. Noemí nos ayudaba en ese sentido, pero había que pagarle los estudios y eso era justo, estaba bien.