martes, 31 de mayo de 2011

Textos Otros


   
        La temprana niñez le tocó a mi abuela paterna. Era una casa con un crucifijo de plástico blanco y con grandes alcobas. Había un gran televisor y estatuas haitianas en su habitación. En esa etapa de mi vida, que he olvidado casi por completo, mi papá tenía un remolque y un jeep "landcruiser" con el que enganchaba la casa rodante. Tenía entonces yo toda clase de primos. Algunos se quedaba en el remolque, otros no. Yo construía modelos armados de plástico. Tenía un tocadiscos pequeño también de plástico con un disco de todos los hits del año en que el petroleo subió de precio. Ese año también trajeron a los veteranos de Vietnam, y devolvieron a los prisioneros chinos a sus casas. Todavía no soñaba mucho. La vida era vaga, las asignaciones en la escuela muy largas. Me tocó copiar todo un pasaje sobre los habitantes de las islas polinesias que no he olvidado. La maestra de música nos enseñaba una canción en francés.
Frére Jaques, frére Jaques
Dormez vous? dormez vous?
Sonnez le matineé, sonnez le matineé
Bim Bam Bum
Bim Bam Bum
        El Hermano Juan hace sonar el reloj despertador. En camino a la escuela, la secretaria de la escuela de la que me habían sacado hacía un programa de radio con un cómico.
      "Hola, es Aurorita, en su alegre despertar. Son las ocho de la mañana en su alegre despertar"
      A parte de lo cual, no recuerdo otra cosa. Los grandes prados verdes, los anchurosos cañaverales. La carretera Número Dos, pues no existía la autopista. Las idas a la playa. Me sentía como una vaca, algo pesado. No soñaba con la muchacha. La muchacha con la que sueño hoy en día no existía. La veo solamente en sueños. Ella dice en sueños que mi madre no puede seguir viviendo conmigo.
      "¿Por qué no?"- le pregunto.
       Te tocaba hacer una asignación parecida a aquella. Copiar todo un pasaje sobre los polinesios. Pero en este caso, escribir una historia corta, algo breve. Ya ni me acuerdo de qué.
 

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