Mi familia de Islas Canarias me ha llamado la atención sobre el pedorcho o llave maya, del que tanto se me señalara una aparentemente inevitable acta de defunción. El pen drive debió morir y resucitar, como tantas cosas, en el Cielo y no en el Infierno de las computadoras. No es cosa de poeta con musa, como Dante, que vuelve a la vida como todos sabemos, en el lugar menos indicado y no tan bien acompañado. El pen drive, sin embargo, ha vuelto a la vida con Beatriz a su lado. Es cierto sin embargo lo que bien señala Nayda Lugo Corcino, que el Cielo aburre al que tuvo a bien colocarlo barato en la casa de mis deudos, que si no creo pùrgan como yo una pena de amor, comparten conmigo el rigor de la ausencia de alguien que no pudo resolver el problema, como Clitemnestra, con una artera puñalada, si lloro a Beatriz y no me cae bien Helena de Troya.
sábado, 31 de diciembre de 2022
viernes, 30 de diciembre de 2022
El Ser en sí y el ser para sí
Información sobre la Ruta X
Homenaje a Hiber Conteris
En Puerto Rico existen cinco colectividades políticas bastante bien diferenciadas. No todas se dan a conocer explícitamente. Yo conozco bastante bien cuatro de ellas: la autonomista, la anexionista, la independentista y la socialista. Los ambientalistas, por su parquedad, acaso me llevaron alguna vez a ver un barco lleno de libros. Pero con ellos, sin embargo, es que tengo una relación de contacto como la que describe Stanislaw Lem en Fiasco, es decir, bastante más que comprometida y estrecha. Por otro lado, en lo que toca a gustos musicales y amor por la lectura, no es mucho lo que me han dicho, quizá porque no hace falta.
La Primera Ficha Infinitive fue la primera que preparé cuando Carlos Roberto Gómez bautizó la que hice para la comunidad de Caparra, con el nombre de su editorial. La aludida se hizo para San Mateo de Cangrejos y es la única que está editada por una mano que no se quiere dar a conocer todavía. La Segunda Ficha Infinitive se hizo pensando en la ciudad de Bayamón, pero facilmente puede extenderse por todas las ciudades de la isla. La de San Mateo es aplicable a Trujillo Alto y Carolina. En lo que se refiere a mis cuentos, no hay cambios apreciables en ninguna, yo creo que no es difícil contar una historia sencilla en cualquier parte de Puerto Rico. No obstante, en lo que se refiere a gustos musicales, el cambio es notable. Carolina y Trujillo Alto son tierras de un sonero todavía con vida y de tema amoroso, Frankie Ruíz. Santurce y Caparra, no obstante, por la cantidad de espiritistas que transitan por sus calles, prefieren al ya difunto Ismael Rivera. Me atrevería a decir que de Bayamón y el resto de la ciudades de esta isla, Ian Chrichton, aunque no es propiamente un sonero por su tendencia a cantar exactamente lo que escribe su gente, y a evitar de momento improvisar como Maelo, se entiende que domina la escena como lo haría un sonero. En la música hay preferencias, pero cualquiera lee o escucha una historia razonablemente bien escrita. No sé por qué me han preguntado por la música, pero por eso preparé las fichas. Es la música que escuchaba de niño en cada sitio que visité y la grabé por si eso explica que haya diferencias. A continuación, el encuadre de la computadora.
Un cruel epígrafe
"C:\Users\jlibo\Documents\CyberLink"
"C:\Users\jlibo\Documents\Daniel Torres Rodríguez"
"C:\Users\jlibo\Documents\DCIM"
"C:\Users\jlibo\Documents\Fax"
"C:\Users\jlibo\Documents\Ficha de Isla Negra"
"C:\Users\jlibo\Documents\My Bluetooth"
"C:\Users\jlibo\Documents\Primera Ficha Infinitive"
"C:\Users\jlibo\Documents\Scanned Documents"
"C:\Users\jlibo\Documents\Segunda Ficha Infinitive"
"C:\Users\jlibo\Documents\untitled.snc"
"C:\Users\jlibo\Documents\Where are my files.lnk"
-De una computadora agonizante ya.
Esto va como antesala o marco narrativo al evento que sigue a continuación. Como referencia inmediata, el cuento de Díaz Varcarcel La nochebuena del soldado, que no cae en el perfil de este escritor como el utuadeño Dos Hombres del mismo autor. Con ese telón de fondo es recomendable narrar los eventos de la noche del 24 de diciembre del 2022.
La llave maya está liquidada. Aravind me las dio a conocer con sencillez, cuando en una de sus rápidas visitas, copió para sus archivos un residual conjunto de artículos de prensa que sobrevivió a mi borrascosa joven adultez. Una mano piadosa hizo un backup en CD y por eso le presté atención a la suerte de las llaves. Pedorcho es el mote que les cae en la patria de Vargas Llosa, aunque de cualquier modo no hay latinoamericano despierto que no haya sentenciado fatalmente la muerte lenta del pen drive. Ni hablar de la fatídica fortuna del karaoke. Eventos de la noche en cuestión requieren alguna indirecta referencia sobre el sepelio que les celebró la tan bien plantaba trigueña con la que hablé unos segundos.
-¿Qué malhadada fortuna le destinas al lector de tarjeta? ¿Te parece bien decir que le cae la noble designación de eslabón perdido o la mala de cama de Procusto?
-Yo creo que debes hablar de eso con gente que sepa- me replicó.
Insinuación acaso de que el tema era otro y más que tórrido el asunto del relato que le prometía escribir. ¿Cómo es posible que volviera a ser tan tímido como para consultar un detalle que importa saber con alguien que afecta desconocer? Ir más allá es darle un beso.
El Invader
Ya es tradición de tu hogar hacerse cargo de mis deudos y noto que lo más que te gusta de cuidar a los más jóvenes es emprender el análisis detallado del lado filosófico de los juguetes que les regalamos. Yo te puedo decir algo sobre los que analizó Angelita, mi primera y única niñera, y lo que aportó inmediatamente después de que mi papá me obsequió el G.I. Joe Astronauta, que era un muñeco intercambiable. Es decir, se le podían reemplazar tobillos, muslos y muñecas, y creo que hasta la cabeza podía ser la de otro muñeco del mismo tipo. Eso en comparación a la figura de acción, que yo me procuré por cuenta propia, a la que no se le podía cambiar nada, el Big Jim. Creo que mi hijo, a la inversa, recibió primero figuras de acción, pero ello por una que logré salvar de mi niñez y que fue la que inicialmente guió a su niñera para empezar, en su caso, con ese tipo de juguete con el que no se podía hacer mucho por un G.I. Joe Artillero, que yo le regalé en unas Navidades. Creo que con eso pasamos rápidamente al juguete que mi hijo prefirió a la larga, que es un juego de estrategia y narración prefigurada. Creo que me queda una novela del gran inventor de ese tipo de juego, Gav Thorpe, finalmente terminada y creo que luego de que sometiera al azar de las tarjetas un evento que acaso sólo él conozca. La novela terminada se titula The Last Chancers, con innumerables alusiones a series televisivas de los Setenta como Rat Patrol y personajes o ideas propiamente consignadas en la obra de otro gran novelista de hace poco, Philip José Farmer, en una seriada en papel, Riverworld.
viernes, 2 de diciembre de 2022
De Aravind, Josué es el Revés de la Caricia
-A Luís Raul Albaladejo
El pueblo de mi abuela paterna no ha cambiado. Esa explosiva mezcla de ascetismo inglés y arábica llama de pasión, que tan bien nos aconsejaba notar Celia, la literaria Eulalia González Baerza que se puede ubicar en el Censo de comienzos de la guerra con Hitler, tan celebraba hasta por un trujillano admirador aunque no tan consistente como el abuelo de Larry Lafontaine, que no sabía si admiraba a mi abuela o a su nodriza, lo mismo que yo, que las confundía, pues parecían aunque no eran las gemelas que Batista le consignó a Canario en Puerta de Tierra. De todo aquel camposanto salió con vocación de pastora tu amada Joey, la Josué Aldarondo de Isabela, estudiante de medicina en el DF. La aburrió la idea de predicar los domingos en la sala de la magra residencia de mi abuela en la calle Dr. Cueto y como hija de dentista que es, y nieta de Clemencio Batista, aunque mi tía le deseaba lo mejor y ya la llamaba La Pastora, un inexplicable giro de fortuna le permitió enfilar hacia la medicina y hasta dejarnos un carro que por desgracia destruyó Alejandra Maldonado, hija de Lilliana Ramos y sobrina de la mujer de mis sueños, en una desaconsejada rabieta. Largo y tortuoso ha sido el camino que Josué anduvo hasta reconocer que es para curar y no para aconsejar casorios que la hizo bien plantada la Naturaleza.
El diablo es malo por Eterno igual que Dios
Hay quien se imagina que Samuel Beckett anduvo por El Paseo de Diego alguna vez, quizá el mismo que asevera que García Márquez nunca, pero ello refiriéndose a su corazón, ya que el cuerpo sí más que demasiadas veces pinchado por la aguja de un médico cuando estaba en Sick Bay. Porque el irlandés no era amigo de enfermerarse de amor, ni de repetir una hazaña dudosa, creen que lo vieron pasar por la acera. Al cuerpo de Felipe José Farmer lo trajo a regañadientes un poder inapelable como el que trajo a La Pastora cuando cumplí nueve años. Se entrevé en la mirada absorta y racional de esa mujer que me bajó el zipper en una montaña igual a Janer, que como Janer dejó de existir sino en el nombre que lleva la por todos mal vista Facultad de Ciencias Sociales. Algo pasó en Janer hace tantos años, como lo que me pasó a mí con la religiosa, contrato de si no eterno amor de imperecedero cariño, que el malhadado monte pudo ser olvidado con la erosión solamente y con alguien como yo rondando la localidad en una vigilia que todavía no ha terminado. Esta vez, sin embargo, la engorrosa tarea de olvidar el monte de Doña Juana le tocó también, como a mí, a una amarilla brigada de buldossers. Y gracias a Dios el contrato no es para siempre como cualquier amor.
lunes, 24 de octubre de 2022
Taxonomía de doñas
Nuevo libro hace declaraciones que importan
La nueva publicación de unas viñetas narrativas que llevan por título Taxonomía de Doñas, con apropiado subtítulo Miscelánea Riopedrense Vol. II, declara que el verdadero amor es un estado de vida transitorio o provisional. Como la enfermedad de Durkheim, igualmente fortuita, el amor de Adriana García Soto y José Aponte García, que publicaron este aserto en cooperación o colaboración, es casi lo mismo que la enfermedad para el sociólogo alemán. Durkheim era específico en cuanto a las molestias físicas que causa estar enamorado. Recuerdo que en sus Reglas del Método Sociológico, poco explorada alternativa para acercarse al problema del mal de amores, Durkheim equipara el amor a una diátesis indolora, es decir, una pajita en el ojo. Estos dos autores puertorriqueños exploran el lado social del efecto que tiene toparse con tu soñado cariño, si tienes a bien, como yo, esconderlo en lo profundo de tu alcoba.
viernes, 16 de septiembre de 2022
Paisaje Sublunar
Hay variedad de opiniones sobre Puerto Rico. Hay quien te puede decir que es un país de almacenes, como el poeta Gautier Benítez que la llama ¨la de blancos almenares¨, como el que la denosta sin piedad y la llama ¨tierra estéril y madrastra¨, como lo es el caso de Palés Matos. Al que viene del extranjero lo impresiona primero el litoral, que es una breve llanura colindante con el mar y que se caracteriza por la salinidad alta y la propensión a la erosión, ya que el terreno de ese llano es poroso y calizo. La agricultura no se da como en Venezuela, eterna queja del más asiduo amante de Puerto Rico, que es ese país, más que el cubano como se suele decir. Alta salinidad y porosidad hacen bastante dificil la siembra de frutos menores y frutas, aunque se da la cañá bien y el café porque la acidez elevada de los genes de la caña y el azucar complementan perfectamente la carencia de un terreno esencialmente calizo y propenso a disgregarse. El litoral se extiende tanto en el norte como en el sur. La zona montañosa es volcánica.
El origen volcánico de la zapata isleña se ve enseguida en los arrecifes, que no son de coral como en Hawaii, sino de lava que tiene miles de años. Había manglares que son el resultado de la acumulación de las conchas marinas trituradas durante miles de años y que han dado pie a los caños, que son acumulaciones de restos mamíferos: escreta, osamentas, basura, que son los llamados contaminantes. La flora del caño, paradógicamente, se asentó definitivamente en lo que era antiguamente el manglar y la arboladura firme que se ve hoy así como las raíces de esos árboles, son posteriores a la Conquista Española. Lo que se conoce como el bosque del manglar es más bien producto del ecosistema del caño que nació en la época moderna. La belleza sublunar del lar isleño y el permanente sentimiento de paz alcalina que puede evocar una tierra tan propensa a los dezlizamientos, te puede dar una idea de que la belleza de Puerto Rico es un enigma para las ciencias y un alivio para el ardiente corazón de los artistas.
Nuevo Ingreso de Javier
Una novela de Robert Ludlum parecía lo mas a tono con las circunstancias, que era el nuevo ingreso de Javier al hospital siquiátrico de mi religión. En el pasado, la institución alternaba con un discreto asilo de ancianos. Qué podía ser una cosa o la otra, exactamente allí donde me casé por primera vez a los nueve años, si el de la religión rival ofrecía servicios menos comprometedores, oníricos si así lo deseas, ya cerrado y con los siquiatras en propiedad haciendo guardia en el Centro Médico, postulando, por supuesto, otra cosa que dar ilusiones, para disimular también un poco el amor. Cuando lo ingresamos al moderado San Francisco no hubo quejas, pero de nuevo ahora al que me ocupa, como es natural, requiere alguna más que contundente referencia.
Bueno. Ludlum, que según el contable que fue mi padre, es el novelista más apropiado para llevar a escena reality shows con el tema del espionaje como tela de jucio, escribió mil relatos paranoides que no ayudaban mucho a los siquiatras del San Juan Capestrano. Sin embargo, acaba de publicar una excepcional novela de espionaje que rozaba o hasta ahondaba más que mucho en el problema de la salud mental. Cuando llevé a Javier por tercera ocasión, di una vuelta por Río Piedras y resolví volver a mi casa, en lo que mi madre hacía las gestiones pertinentes a su ingreso, como dar constancia de la marca del reloj de pulsera que llevaba puesto cuando lo dejamos al azar de su tórrido cariño, y no como ayer, del inventario de prendas de vestir.
Habían dado de alta, justamente esa antepenultima visita, a un afectado señor que me explicó por qué me pidieron que dejara constancia de la marca del reloj que iba a usar en esa ocasión, ya que en la casa tenía sin correa el que de verdad era de Javier y que por alguna razón se me ocurrió engarzar con la correa del mío, que ya no daba más. Ni con una batería nueva podía darle vida al que me regaló mi hermano Ricardo a mediados de la primera década de este siglo, que es cuando por primera vez el novelista neoyorkino de espionaje por excelencia se dignó a hablar de los espíritus sensibles como gente misteriosa y hasta atractiva. Al recien dado de alta poeta, que me interpeló como tras veces, en otros tiempos, cuando prefería hacerse seguir por un K-9 para que yo me viera en la obligación de darle alguna conversación.
-Me dieron de alta y creo que mis deudos no van a venir por mí- me dijo. -Se me quedaron con el reloj, por otro lado.
Claro, que no me hago eco de sus palabras para desmerecer la honra de los aprendices que trabajan en el San Juan Capestrano.
martes, 13 de septiembre de 2022
Mi eterna amiga
La muchacha llegó frente a los bancos exactamente la mañana en que empezó mi vida en las ciencias. Me sorprendió la familiaridad con que me saludó, cuando era quizá la primera vez que me la topaba de frente. El vago recuerdo de un delfín herido para siempre por la ausencia de su pareja, nadando sin destino y sin hora, fue acaso lo que me evocó la primera vez que la ví, no muy lejos del pozo de Jacinto en la playa de Jobos. Sin embargo, de buenas a primeras no me dio a entender que estaba sola. Enseguida me presentó a su novio, que de hecho era un viejo amigo mío, con el que había podido jugar pelota en una liga con uniforme. Otro detalle digno de atención era que usaba espejuelos y tenía 20-20. Se los ponía quién sabe por qué, ni a cuenta de qué coqueta predisposición, si yo que era miope de verdad trataba de ocultárselo a mis nuevos compañeros de galera con unos lentes de contacto que mi tío, el oftalmólogo, me obsequió como con ánimo de no volverme a ver en esta vida.
Negociar con ella me pareció lo más razonable, si como es de observar, era la novia del que me dejaba ser pelotero de la noche a la mañana. La cortés visita que me hizo con dos amigas para discutir la Ley de Lagrange, que al parecer no se les enseñaba en la escuela, ya que era el pasador para hacerse biólogo y quizá doctor, no me llamó la atención tanto como el hecho de que llevara a conocer a su padre, que era siquiatra. Una de cal y otra de arena.
La fulgurante salida al Alambique con una de las dos que siguieron con ella cuando ya estaba claro que conocían más que bien la derivada y que venir a mi casa como si yo se las fuera a enseñar, no era exactamente arreglarme la cola, ni en lo absoluto advertencia de lo que estaba por vivir. La que siguió con nosotros me pidió que me sumergiera en un jaccuzzi a su lado. No conocía todavía el poema de amor más bonito de Lezama después del más famoso, Para llegar a Montego Bay, que narra el momento en que Fronesis, el amigo eterno de José Cemí, lo invita a sumergirse en una piscina de aguas termales como las que tenemos nosotros en Coamo. Como se ve, nada definitivo, nada hasta home. La nueva moda al parecer era no llegar, no alcanzar, no proponer nada concreto. Lo mismo cuando se bombardea un descampado como Vieques o se afecta interés. Los pescadores, las yolas, marcar territorio más bien que encararse a nadie o preocuparse por nada.
Sin embargo, cuando le di a entender que iba a ser de verdad matemático, me insultó resueltamente rabiosa.
-Tu eres agente.
Salir por la puerta de servicio de la Facultad sin remover lo que parecía ofenderla no me ayudó.
-Ahh… Otra cosa- me dijo. -Pelotero no eres tú.
Eso estaba claro como todo lo demás. Sin embargo, me alejé de ella prontamente y para siempre. Ya entre los artistas y lejos de la peregrina idea de hacerme científico, se me acercó para pedirme excusas. Nunca más aquel solitario delfín que me evocó verla caminando sin dirección por el arenal.
Las hechiceras de mi high school
Recuerdo que eran cuatro porque son cuatro los evangelistas, cuando este asunto empezó a incendiar el que fue mi país, y cuatro igualmente los del final del cuento, aunque montados a caballo y anunciando lo peor. Los evangelistas eran soldados de a pie como los holandeses. Una era más dada a los demás porque era escosesa y se atrevía a acariciarme. La que siempre estaba con ella estaba un poco molesta no tanto porque se tomara esa libertad. Al parecer, yo había sido su novio en una vida pasada, y existía cierta vicaria confianza que la otra no tenía, aunque no como ella fuera la poseedora de un embrujo tan abrumador que nos distanciaba. Su llana amiga podía más con sólo decirle que el verdoso gris de mis rizos era cosa de temer, aunque para ella no.
El maestro de biología me llamó la atención sobre las otras dos porque eran gemelas idénticas. O faltaba una para cuadrar a la perfección con la idea de que eran cuatro los autores del Nuevo Testamento y también cuatro los personajes del broche de oro que le servía de colofón a la colección, el Apocalipsis.
-Debieron presentarse aquí. La escosesa te acarició y la andaluza te tiene, como debe ser, más que impresionado. Pero las gemelas son italianas- me dijo el profesor. -¿Estarías dispuesto a ponerte en mis zapatos?
En otras escuelas el crucial momento del amor se les presenta como una encrucijada entre la realidad y la fantasía. Le apostabas a la astronomía o a la astrología, te asignaban el libro venezolano que llamaba la atención sobre esa aparente disyuntiva, con tal de que no te dieras cuenta de que algo acababa y algo empezaba.
El profesor salió del apuro como pudo. A mí me envió, como al pelirrojo, a buscar sapos para hacer una disección. Yo no encontré un solo sapo por más que peiné la llanura donde vivía y el otro enviado, sin embargo, consiguió demasiados en el patio de su casa. El día en que los trajo en una bolsa para que el profesor nos los facilitara, ocurrió algo que me deja perplejo todavía. En vez de repartirlos para hacer el experimento, le ordenó al pelirrojo que los soltara en el patio y tomó de la mano a una de las dos gemelas italianas. La impresionante belleza de la muchacha no cuadraba con la humildad con la que dejó que el maestro la tomara de la mano y la acostara en el escritorio del laboratorio, frente a todos nosotros que nos dimos cuenta de lo bonita que era.
El pelirrojo que tantos sapos llevó al laboratorio, me explicaron a poco de revelada la humildad de la doncella, tenía una medio hermana que no vivía con él y que mucho antes de que él llegara a la escuela, ya me había abordado para aclarar si de verdad acosaba a las muchachas bonitas. Se me apareció en un polvoriento salón de sexto grado con un ajustado pantalón que revelaba más que mucho encantos tan abrumadores que no venía al caso decirle que era inocente de las acusaciones que pesaban sobre mí. Hice el aguaje de acariciarla y comprendió que hice todo lo posible por hacerme a un lado. Claro, las gemelas que llegan después eran primas de la que me interpeló de niño. Se llamaba Viola, que como saben es la gemela menos feliz de La Duodécima Noche de Shakespeare porque tiene ambición. Viola debiera ser el quinto partido, si no se hubiera descubierto el rasgo que las define.
Cuando después de una visita al campamento en donde mi madre me dio a conocer la avena, me alistaron también de niño escucha, y sabiendo que lo próximo después de ese fin de semana en el que iba a remar hasta la embocadura del río en donde mis padres desaparecieron, era mandar a buscar a las cuatro muchachas para que pasara con ellas una nueva semana en la Naturaleza. No fue suspicacia o temor. Me enfermé antes de que me llevaran a verlas en descampado. Nunca volvieron a la escuela porque me ausenté y según me cuentan los narradores orales del Pepino, se casaron las cuatro allí mismo y nunca volvimos a verlas en esta vida.
De la novela de Biancotti sobre La Negresse.
Cuenta Hector Biancotti que cierto cachorro de periodista dio con el paradero de la anciana compañera de Charles Baudelaire, como cincuenta años después del sepelio del egregio poeta maldito. Adelaida Marése, al que el encaprichado joven deseaba entrevistar para conocer un poco de la vida de Baudelaire con la Negresse, y acaso tumbarle, como un personaje de Henry James, alguno que otro manuscrito inédito, no encontró como esperaba una rotunda negativa de la anciana. Pero le puso como condición para contarle su vida integrarse a un contubernio en el que ella, siendo quien era reinaba como animadora espiritual. La novela de Biancotti, en primera persona, es lo que imagina el escritor que el periodista le habría contado a sus amigos. Vierto enseguida las palabras que Biancotti pone en boca del notable hombre de prensa.
¨Acabamos filósofos. Adelaida me atribuía aptitudes de las que yo carecía. No tenía cabeza para la filosofía, aunque era de mi gusto regodearme en ciertas perplejidades. Las paradojas me sobrecojían, pero ese gusto por ellas lo reforzaba mi intransigente misoginia. La paradoja es la risa de la inteligencia, la espuma y el recuerdo oportuno de la espuma sobre el cielo vacío, un relámpago impertinente en el momento en el que se oye el trueno- porque es algo creado y no natural como cualquier producto. Las mujeres, sólo ellas, tienen la ventaja de tener los pies en la tierra y al cuerpo al que crian. Ellas saben qué cosa real de tantas cosas reales es verdaderamente real y a ello se atienen. ¿Daría la cara por mí Adelaida si desmintiera mis convicciones?¨
Tu amor estuvo aquí
No hay nada tan resueltamente amoroso entre nosotros como un taller de formación política. Echo de menos que no me lo diera la FUPI ni que me pusieran a pintar pancartas, si bien es verdad que me dejaban ver a los nuevos amores que sí eran objeto de más que indoblegable cariño. La línea me la daba Aristóteles. A media hora de mi amor eterno, eternamente cerca de ella, sin poder conocerla y sólo saber que existía sin el consuelo de una intermediaria que me diera una idea de cómo era o a quién se parecía. Itito estaba y sigue estando con la otra postura, la de Platón, la de una permanente y noctámbula vigilia igualmente eterna. Era mi primo, ahora sacerdote, igual que tantos otros seres queridos a los que nunca he vuelto a ver, sin que haya más de media hora entre medio. A media hora de cualquier amor, a media hora de cualquier melacólico pretérito, el consejo es prudencia para no enloquecer demasiado joven y en edad de merecer en apariencia. Itito publica un desgarrador relato disfrazado de espía madrugado: no te preocupes, me jodieron y estoy en Moscú. Saber, sin embargo, que está a casi nada del portón de mi casa, tanto como otros deudos que acaso no se animen a llevar su apropiado disfraz de Halloween, ni a declarar su resuelta simpatía por Platón.
Yo soy el único que le apuesta a Aristóteles en mi familia. Compañero de galeras más que primo es Rafa cuando reitera su afinidad al mismo filósofo. En ese caso Spinoza, que es aristotélico como su mentor Copérnico: lo que tengas frente a tí, frente a tus ojos. Más allá es como jugar con el tarjetero. Si das un paso al frente, tal monstruo o tal cover story. Platónicos como mi hijo.
2
Ana María tuvo un gesto que me llevó exactamente al recuerdo del momento más importante de mi vida. Estaba en noveno grado y ya me habían advertido que nunca conocería en persona a mi verdadera media naranja. Sombras o atisbos que explican la postura de Platón sobre el amor y no creo yo sobre el saber. Parecidas a ella las que iba a conocer, con las que iba a trabajar o hasta incluso montar algo parecido a un hogar, nunca sin embargo ella. El diálogo y la dialéctica, inventos que vienen a tono. Si te vas por la astrología o prefieres en cambio hacer medidas, estimar la verdadera distancia que media entre tu amor y tu persona o creer que una estrella puede ponerte a rabiar y no la realidad de que estás solo y tan cerca de tu cariño. Claro, la hija del doctor me propone una solución mediada. Saint-Exupery, piloto pagado por sus fueros o de sí mismo, como bien lo diría mi amiga, no estaba por ninguna de las dos cosas. Ni medidas ni creencias para disfrazar la soledad. Si quieren, eso es amor. Conservo una edición francesa de El principito que según me dicen era la de mi amiga. La encontraron en un apartamento en donde dicen que alguna vez vivió Nayda. Me llevaron allí como a Janer, dato curioso a tomar en consideración: tu amor estuvo aquí.
sábado, 10 de septiembre de 2022
Viernes, 9 de septiembre de 2022
Ahier a un sens lament
Del patois que les salga, amores
Queridos amigos:
Esta noche he decidido evocar a las mascotas de mi ayer, mejor que obsederme con la visión de un pueblo negro. Musumba, tumbuctú, farafangana. La aparición repentina de un bull terrier igual a Vagabún en la que fue la casa del cardiólogo al que vendí un primer componente Pioneer, fue observada por el radar hace dos o tres días. Ya María Rodríguez, la hermosa primogénita del Dr. Rodríguez Montes, que me atendió de niño cuando era médico generalista, no vive en la casa en donde misteriosamente hizo su aparición un macho de la raza de la misma perra que rescató la vocal de mi prima hermana en 1986. Alguien me interpeló sobre el particular a la entrada del puente y a la vez me mostró la foto de un perro misteriosamente desaparecido. No es posible casarlo con el bull que apareció en la que fuera la casa de mi vecina. Consignar la muerte del parejo que por años acompañó a la gata de su amiga me parece importante recordarles. Su hija está suelta a treinta minutos de mi residencia. Ese es un parámetro razonable para animal que no está adiestrado para detectar narcóticos.
La siguiente es una carta suscrita a mi progenitora por la Asociación de Residentes de mi vecindario en relación a este incidente:
Buenas tardes,
Espero se encuentren bien.
Esta situación se ha mencionado anteriormente en las distinas reuniones y correos electrónicos de la Asociación. Había ido personalmente a hablar con los dueños del perro porque encontrábamos escreta en la entrada de la casa, en nuestras escaleras, en distintas áreas de la grama; luego de esa conversación, todo mejoró.
Desde la semana pasada hemos empezado a encontrar escreta del mismo perro en nuestra entrada y grama nuevamente. Debemos ser responsables con los vecinos y si sacamos a nuestros perros debemos llevarlos con su correa y la bolsa para recoger las escretas.
Los perros NO se deben sacar si no están atendidos. ¿Cómo sabemos que es el mismo perro? Las cámaras nos lo dicen, las fotos son de ayer a las 11:18pm.
Adelma Rivera-Cruz & Antonio Pérez-Bonano
EE-15 Calle Poppy
Como se vé, el bull terrier en cuestión está asustadísimo. No sé si desciende de la legendaria Vagabún, que por lo que a mí atañe tuvo lanudos de los que me quedó una sola perrita cuyo nombre por alguna razón no recuerdo. Me acuerdo de Peggy, la dálmata que inspiró inicialmente mi obra de teatro con Teófilo Torres por lo mucho que mi padre estaba encariñado con ella.
Me acuerdo de un cruce de chiwawa, Tosky, que fue atropellado y envarado con una muleta de metal después de que se accidentó. De Scotty, un German Shepperd que no pude conservar porque me tiraba a morder y al que mis tíos abuelos reformaron con una nueva identidad. Se llamaba Príncipe al final de su vida y creo que es por eso que el password de la cuenta de Onelink me recuerda más bien lo bravo que era y menos de que alguien me quiere o lo recuerda aún. De la que me quedó de la camada de Vagabún, sin embargo, no me acuerdo bien porque tuve que dejar sus retoños en la perrera de la Avenida Kennedy ya que nacieron enfermos. Creo que el incidente lo consigna indirectamente Mundo Cruel cuando Negrón nos refiere la historia de una perrita disecada en el mismo cuadrante. Por mi amor a los perros es que Negrón me dejó leer su novela antes de que se publicara, si bien es verdad que es por eso que ya no quiero tener uno más. Creo que la amiga de María se llevó a la última y más preciosa perrita que apareció en mi cuarto.
jueves, 10 de marzo de 2022
Llevan a escena El Cuartelazo
Sobre una Presentación del XXX Aniversario de la editorial Isla Negra
Así como las matemáticas pasaron de una visión fuertemente amarrada a la filosofía a un enfoque aplicado, el teatro puertorriqueño está pasando de una visión tradicionalmente aristotélica a un tipo de representación que se podría decir de conferencia o archivo. El motor del teatro tradicional es el conflicto o la controversia en el seno de la acción. Quien se quería para algo en la antigua escena de Puerto Rico debía darle énfasis a la acción y tal acción debía obedecer a un conflicto o controversia.
Desde principios de los años Ochenta, esa exigencia que requería todo escrito que se fuera a llevar a escena, se fue borrando a tal grado que el público puertorriqueño se acostumbró y prefiere ya la nueva forma de hacer teatro, que es la Presentación y en el seno de ella, algo que reemplaza al tradicional conflicto de Aristóteles, que es el dato y la abierta discusión.
Este nuevo tipo de representación escénica es fruto de la crisis que supuso utilizar los principios del teatro tradicional en el seno de la práctica siquiátrica. La sicología se sirvió más que mucho de la ficción y de la artificialidad de la dialéctica, que es oponer dos cosas que usualmente no tienen nada que ver una con la otra, para obtener alguna reacción del paciente. Casi todo Aristoteles desembocó en el sicodrama.
La reacción en efecto no se hizo esperar y es la puesta en escena de un tipo de representación en la que ya no hay dos cosas que eran la esencia del teatro convencional: no hay ya ficción en la situación dramática, y por supuesto, tampoco adversarios.
¿Qué puede reemplazar al cuento y a los consabidos adversarios de una situación imaginaria? El stand up, la interpretación, o si se quiere ver más literariamente, la traducción. El stand up reemplaza a la acción, y la carne de ese stand ya no es el enfrentamiento de los adversarios, sino la traducción del lenguaje del Ser al lenguaje del Otro. Hay adversidad, y por supuesto, tensión o estrés, pero ya no hay conflicto. El problema es entender y no enfrentar a los adversarios. Traducir y ya no simplemente presentar en escena al enemigo.
Un ejemplo de esta forma de teatro es la manera en que los puertorriqueños han explicado o llevado a escena la revolución de las matemáticas. Todavía el existencialista norteamericano William Barrett nos podía relatar en un libro suyo lo que él cree que pasó. Los adversarios eran en su opinión Bertrand Russell y el matemático Whitehead, en la víspera de lo que se ha conocido como El Cuartelazo, que es la camisa de fuerza que Wittgenstein le impuso a la lógica cuando trató de eliminar el aparato de símbolos de esa disciplina, apostándole al lenguaje, y alejándola del juego de las matemáticas. Cuenta Barrett que en una visita que hizo el alemán a Londres, Whitehead no pudo presentarle a sus hijos o sencillamente no sabía decir ni quiénes eran, al lado de Russell que sí conocía a los suyos y se los presentó. Este cuento ha sido representado tantas veces, por tantos actores y actrices de Puerto Rico, en tantas presentaciones, que es de fuerza notar que el cuento en sí le importa menos a los puertorriqueños que explicar lo que Barrett quería decir.
En 1993, la actriz Nayda Lugo Corcino, en compañía de su madre Mercedes, llevó a escena el cuento de Barrett con los dos hermanos menores de la actriz, que hacían el papel de Russell y Whitehead, conmigo haciendo las veces del advenedizo señor Wittgenstein. La puesta en escena no se dio a conocer por la fuerte impronta que le impone el sicodrama y la siquiatría al teatro puertorriqueño de hoy. La idea de Nayda, y de su madre Mercedes, era traducir a Barrett. Se usó la técnica que tan bien se les conoce a los Lugo, que es la Presentación, aunque el objetivo era explicar mejor lo que Barrett decía que pasó con los matemáticos.
Hoy en día, casi veintinueve años después, sigue siendo el cuento de Barrett el que hay que explicar como sólo los Lugo lo saben hacer, que es presentando públicamente a un conferenciante que hace las veces del lógico, y dos actores que son adversarios porque uno conoce a sus hijos y los puede dar a conocer y el otro no. Cierta o no la explicación de William Barrett, el caso es que los puertorriqueños consideran que esa ficción de Barrett es la más elocuente a la hora de llevar a escena lo que pasó con las matemáticas, por qué usamos calculadoras científicas o por qué es mejor escanear un código de barras y olvidarse de la aritmética. La presentación de libro de Julio César Pol, de poemas sobre el ala de un hospital siquiátrico, al lado del libro del Gremlin de Federico Irrizarry, con el presentador Carlos Roberto Gómez Beras, es retrospectivamente también una explicación no sólo de lo que ha pasado con las matemáticas, sino de lo que ha pasado con el teatro. Las retrospectivas y el espíritu de archivo, la pasión derrideana, dominan la forma de hacer teatro en Puerto Rico.
martes, 15 de febrero de 2022
Bondades del mecánico Correa
El gato era un animal sagrado en el Antiguo Egipto, pero los dioses egipcios tienen cabeza de perro o de chacal, no hay dioses con cabeza de felino. A mi madre no le gustan los gatos y ello dice mucho de su temperamento abierto y afectuoso. El gato es más guardado, pero aunque yo no podía tener gatos en mi casa, la gata de la vecina Ivette estuvo metida más bien en el patio de mi casa que en la de su dueña, lo que dice mucho de la manera de ser de esos animales. Durante veinte años se me paraba al frente y me miraba, pero dejarse acariciar jamás. Su pareja apareció muerto en la parte de la casa que le funcionaba de oficina de promociones a mi papá. Lo recojí y dispuse de él, tenía como veinticinco años o más.
Una cosa bien buena que hizo la familia Correa fue adelantarse a ponerle radiador a los motores de los carros, para que los gatos no se murieran de noche triturados por las aspas de los abanicos que usaban los motores en los años sesenta. Esa era otra cosa que hacía mi papá, bajarme al motor del Chevrolet rojo y ver lo que pasaba con los gatos por las noches. Eso felizmente terminó.
sábado, 15 de enero de 2022
Otra vez Edmund Hursell
Hursell fue otro filósofo anodino que se aproximó con mayor o menor suerte al sentimiento que describe Borges en su poema. Para él podía ser la mayoría de edad, pero nunca tal cosa como la ancianidad. Puede ser la pubertad filosófica y Hursell un pensador proceloso que prefería ver menos, como el buen neokantiano que era, pero hay una realidad en su pensar que no se puede dejar a un lado. Los neurólogos saben que el cerebro tiene un realidad corpórea o física. Se sobrecarga como cualquier computadora y puede perder capacidad en vez de ganar y ser eficiente, si los datos concretos exceden lo que es razonable procesar. Los astrónomos, por otra parte, creen que su campo asimila menos que bien lo que nos espera ahora que vamos a Marte. Lo que no debe sorprender si se piensa que los primeros colonos de América, nuestros antepasados, eran menos que entendidos.
Todo el mundo llega a la nube
No es Ser porque te conozca la gente como decía Berkeley ni vivir para siempre, como promete la fe cristiana. Uno puede tomar el curso del anglosajón y anticipar lo peor, como en el artículo de Carmelo Ruíz Marrero, Un mundo sin privacidad. Pero ya antes Borges hablaba de su nube en el libro Los conjurados y ahora, como se sabe, es el mundo de las computadoras el que reitera ese hecho con el acceso público ilimitado que tienen programas gratuitos como Office. De Cloud dijo más que mucho Borges en Los conjurados, no tanto del lado hard o mecánico de la cuestión, que es el microprocesador, implantado o no en el cuerpo de un ser humano. Lo que importa es el feeling. Yo creo que data exactamente del año 2009, por lo menos en lo que atañe a mi vida. La puesta en escena de mis cuentos infantiles en San Germán, con un estudiante de ciencias de mi época, me convenció de que mi arribo a la nube era ya una realidad. Hay la tendencia a pensar que es la pérdida de la vida privada, como en el artículo del Sr. Marrero, pero también cabe ver la nube de cada quien como la apertura o eclosión definitivas, eso cada quien si optimista o no.
Internet Archive, que es producto ya de las nubes de más de un artista, no da a conocer nada que yo no quiera dar a conocer o que deje de aportarle mérito a mis editores. Pero el feeling de la más completa incuria autorial acompaña al escritor. Nada es mío. Me parece que Alberto Martínez lo señala en su entrevista reciente y de su nube habla él ya en las cartas que me enviaba en los Ochenta.
Parte de mi nube es pensar que los mil cuentos que me han antologado con el pasar de los años son producto de un amor que no se dio o que falló. Cuando Ana Belén Sevillano me incluyó en su antología no me sentí mal, pero cuando aparecí en la de Mara Pastor me quedé sordo como dos años. Cierto es que Mara nunca me dijo quién pudiera ser esa novia inconsutil que quería ver ese último cuento publicado en papel. Lo acepté como un amor cualquiera. Mi nube ya existía y era una realidad cada día menos renuente a desaparecer.