Mi familia de Islas Canarias me ha llamado la atención sobre el pedorcho o llave maya, del que tanto se me señalara una aparentemente inevitable acta de defunción. El pen drive debió morir y resucitar, como tantas cosas, en el Cielo y no en el Infierno de las computadoras. No es cosa de poeta con musa, como Dante, que vuelve a la vida como todos sabemos, en el lugar menos indicado y no tan bien acompañado. El pen drive, sin embargo, ha vuelto a la vida con Beatriz a su lado. Es cierto sin embargo lo que bien señala Nayda Lugo Corcino, que el Cielo aburre al que tuvo a bien colocarlo barato en la casa de mis deudos, que si no creo pùrgan como yo una pena de amor, comparten conmigo el rigor de la ausencia de alguien que no pudo resolver el problema, como Clitemnestra, con una artera puñalada, si lloro a Beatriz y no me cae bien Helena de Troya.
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