viernes, 2 de diciembre de 2022

De Aravind, Josué es el Revés de la Caricia


 -A Luís Raul Albaladejo


 El pueblo de mi abuela paterna no ha cambiado. Esa explosiva mezcla de ascetismo inglés y arábica llama de pasión, que tan bien nos aconsejaba notar Celia, la literaria Eulalia González Baerza que se puede ubicar en el Censo de comienzos de la guerra con Hitler, tan celebraba hasta por un trujillano admirador aunque no tan consistente como el abuelo de Larry Lafontaine, que no sabía si admiraba a mi abuela o a su nodriza, lo mismo que yo, que las confundía, pues parecían aunque no eran las gemelas que Batista le consignó a Canario en Puerta de Tierra. De todo aquel camposanto salió con vocación de pastora tu amada Joey, la Josué Aldarondo de Isabela, estudiante de medicina en el DF. La aburrió la idea de predicar los domingos en la sala de la magra residencia de mi abuela en la calle Dr. Cueto y como hija de dentista que es, y nieta de Clemencio Batista, aunque mi tía le deseaba lo mejor y ya la llamaba La Pastora, un inexplicable giro de fortuna le permitió enfilar hacia la medicina y hasta dejarnos un carro que por desgracia destruyó Alejandra Maldonado, hija de Lilliana Ramos y sobrina de la mujer de mis sueños, en una desaconsejada rabieta. Largo y tortuoso ha sido el camino que Josué anduvo hasta reconocer que es para curar y no para aconsejar casorios que la hizo bien plantada la Naturaleza.

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