viernes, 2 de diciembre de 2022

El diablo es malo por Eterno igual que Dios

  

 

Hay quien se imagina que Samuel Beckett anduvo por El Paseo de Diego alguna vez, quizá el mismo que asevera que García Márquez nunca, pero ello refiriéndose a su corazón, ya que el cuerpo sí más que demasiadas veces pinchado por la aguja de un médico cuando estaba en Sick Bay. Porque el irlandés no era amigo de enfermerarse de amor, ni de repetir una hazaña dudosa, creen que lo vieron pasar por la acera. Al cuerpo de Felipe José Farmer lo trajo a regañadientes un poder inapelable como el que trajo a La Pastora cuando cumplí nueve años. Se entrevé en la mirada absorta y racional de esa mujer que me bajó el zipper en una montaña igual a Janer, que como Janer dejó de existir sino en el nombre que lleva la por todos mal vista Facultad de Ciencias Sociales. Algo pasó en Janer hace tantos años, como lo que me pasó a mí con la religiosa, contrato de si no eterno amor de imperecedero cariño, que el malhadado monte pudo ser olvidado con la erosión solamente y con alguien como yo rondando la localidad en una vigilia que todavía no ha terminado. Esta vez, sin embargo, la engorrosa tarea de olvidar el monte de Doña Juana le tocó también, como a mí, a una amarilla brigada de buldossers. Y gracias a Dios el contrato no es para siempre como cualquier amor. 

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