martes, 13 de septiembre de 2022

De la novela de Biancotti sobre La Negresse.

 

            Cuenta Hector Biancotti que cierto cachorro de periodista dio con el paradero de la anciana compañera de Charles Baudelaire, como cincuenta años después del sepelio del egregio poeta maldito. Adelaida Marése, al que el encaprichado joven deseaba entrevistar para conocer un poco de la vida de Baudelaire con la Negresse, y acaso tumbarle, como un personaje de Henry James, alguno que otro manuscrito inédito, no encontró como esperaba una rotunda negativa de la anciana. Pero le puso como condición para contarle su vida integrarse a un contubernio en el que ella, siendo quien era reinaba como animadora espiritual. La novela de Biancotti, en primera persona, es lo que imagina el escritor que el periodista le habría contado a sus amigos. Vierto enseguida las palabras que Biancotti pone en boca del notable hombre de prensa.

        ¨Acabamos filósofos. Adelaida me atribuía aptitudes de las que yo carecía. No tenía cabeza para la filosofía, aunque era de mi gusto regodearme en ciertas perplejidades. Las paradojas me sobrecojían, pero ese gusto por ellas lo reforzaba mi intransigente misoginia. La paradoja es la risa de la inteligencia, la espuma y el recuerdo oportuno de la espuma sobre el cielo vacío, un relámpago impertinente en el momento en el que se oye el trueno- porque es algo creado y no natural como cualquier producto. Las mujeres, sólo ellas, tienen la ventaja de tener los pies en la tierra y al cuerpo al que crian. Ellas saben qué cosa real de tantas cosas reales es verdaderamente real y a ello se atienen. ¿Daría la cara por mí Adelaida si desmintiera mis convicciones?¨

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