Tu amor estuvo aquí
No hay nada tan resueltamente amoroso entre nosotros como un taller de formación política. Echo de menos que no me lo diera la FUPI ni que me pusieran a pintar pancartas, si bien es verdad que me dejaban ver a los nuevos amores que sí eran objeto de más que indoblegable cariño. La línea me la daba Aristóteles. A media hora de mi amor eterno, eternamente cerca de ella, sin poder conocerla y sólo saber que existía sin el consuelo de una intermediaria que me diera una idea de cómo era o a quién se parecía. Itito estaba y sigue estando con la otra postura, la de Platón, la de una permanente y noctámbula vigilia igualmente eterna. Era mi primo, ahora sacerdote, igual que tantos otros seres queridos a los que nunca he vuelto a ver, sin que haya más de media hora entre medio. A media hora de cualquier amor, a media hora de cualquier melacólico pretérito, el consejo es prudencia para no enloquecer demasiado joven y en edad de merecer en apariencia. Itito publica un desgarrador relato disfrazado de espía madrugado: no te preocupes, me jodieron y estoy en Moscú. Saber, sin embargo, que está a casi nada del portón de mi casa, tanto como otros deudos que acaso no se animen a llevar su apropiado disfraz de Halloween, ni a declarar su resuelta simpatía por Platón.
Yo soy el único que le apuesta a Aristóteles en mi familia. Compañero de galeras más que primo es Rafa cuando reitera su afinidad al mismo filósofo. En ese caso Spinoza, que es aristotélico como su mentor Copérnico: lo que tengas frente a tí, frente a tus ojos. Más allá es como jugar con el tarjetero. Si das un paso al frente, tal monstruo o tal cover story. Platónicos como mi hijo.
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Ana María tuvo un gesto que me llevó exactamente al recuerdo del momento más importante de mi vida. Estaba en noveno grado y ya me habían advertido que nunca conocería en persona a mi verdadera media naranja. Sombras o atisbos que explican la postura de Platón sobre el amor y no creo yo sobre el saber. Parecidas a ella las que iba a conocer, con las que iba a trabajar o hasta incluso montar algo parecido a un hogar, nunca sin embargo ella. El diálogo y la dialéctica, inventos que vienen a tono. Si te vas por la astrología o prefieres en cambio hacer medidas, estimar la verdadera distancia que media entre tu amor y tu persona o creer que una estrella puede ponerte a rabiar y no la realidad de que estás solo y tan cerca de tu cariño. Claro, la hija del doctor me propone una solución mediada. Saint-Exupery, piloto pagado por sus fueros o de sí mismo, como bien lo diría mi amiga, no estaba por ninguna de las dos cosas. Ni medidas ni creencias para disfrazar la soledad. Si quieren, eso es amor. Conservo una edición francesa de El principito que según me dicen era la de mi amiga. La encontraron en un apartamento en donde dicen que alguna vez vivió Nayda. Me llevaron allí como a Janer, dato curioso a tomar en consideración: tu amor estuvo aquí.
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