viernes, 1 de septiembre de 2023

Por si no te lo han contado

 El cuento de la Mano Manca

 

Cierto agricultor sembraba papas en una finca de su propiedad que además irrigaba él y no un empleado, lo que a todos sus allegados podía parecerles una actitud loable y digna de imitar.

 

Sin embargo, el Juez de Paz del pueblo al que estaba enganchada la finquita no pensaba lo mismo y se lo señaló con una inesperada citación en corte.

 

Afortunadamente, el sembrador de papas era persona atenta al qué dirán y fue a la citación por cumplir con el buen ver. El Juez, desde el Templete, le señaló el motivo por el que fuera emplazado.

 

-Sembrar papas, que era comida de miserables ayer,  es un lujo y dedicar tu finca y tus aptitudes sólo para hacer algo que a nadie le hace falta, no que esté mal, pero nos parece raro, jovencito. Hay quien podría pensar que es egoista tu actitud.

El joven agricultor escuchó lo que el Juez tenía a bien señalarle y como en realidad no era egoista de corazón, pensó que sí en la ocasión y tuvo la prudencia de irse a chequear con un cardiólogo ya que además de todo lo que hacía le dolía el pecho un montón.

 

El médico le toma la presión y la encuentra perfectamente normal, así que no es coronaria la raíz de su mal. Se queda mirando al joven arrocero con un poco de pena, pero al cabo sonríe.

 

-Debe ser de este tamaño- le dice a la vez que le muestra su hinchadísima Mano de Doctor.

 

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