Una novela que siempre me ha llamado la atención por la complejidad de sus referencias es The white cascade, que narra según dicen muchos un olvidado accidente de ferrocarril en 1910. Tiene todos los ingredientes de un texto cervecero, de esos que dicen alguna verdad que puede o no importarle al que la suscribe, pero inmediatamente después que el lector ha emprendido la lectura, se entiende capaz de suscribir tal riqueza de matices, que uno reflexiona si la falta de compromiso del autor, su aparente cold dryness, es una ironía más lo mismo que su no llegar a ninguna parte.
En la contraportada del texto está el meollo principal de la trama y se puede seguir o no leyendo, sin perder lo que importa notar. El gerente de la compañía de ferrocarriles enfrenta cargos por negligencia en vista de que contrató varios plows o empleados de riego para trabajar en la vía, sin tomar las necesarias precauciones. Como es de esperarse esta negligencia del gerencial es la responsable por una nevada que destruye la vía y deja sin vida a innumerables parroquianos que habían comprado pasaje para viajar en el tren, enterrados todos en la nieve. El detalle que nos deja saber que estamos ante un cold dry novel es una la mención acaso irrelevante del hecho de que las vías alternas del tren son de hierro colado y no de fundición. Un spur o solución química para colar el metal sugiere lo mismo que una cepa de células madres, que se obtiene de la misma manera, con una solución química. El dato peregrino nos conecta de inmediato al referente obligado de ese tipo de literatura, que es la reproducción humana y la cibernética.
De buenas a primeras, la seca verdad narrada sin aparente compromiso, puede o no llamarle la atención al lector. La novela cold dry es cosa de todos los días en los Estados Unidos. Las hay mezcladas con alegoría, o más bien figuradas, lo mismo que se puede ver en cualquier novela española desde Cervantes hasta el día de hoy. Pero lo que llama la atención no es la paleta del artista, sino eso que los ingleses llaman la intensión y los griegos el telos, el propósito. El juego imaginativo está precísamente en esa zona y no en el color.
A ratos la narración puede ser directa y sencillamente narrar el accidente, o simplemente conectar con el referente de un cold dry novel, que casi siempre es la reproducción, pero es su falta de compromiso, su no desear comunicar nada, lo que hace resaltar la novedad. La actitud del autor en este caso, la sequedad de lo presentado, que se conoce como dry humor, sin que realmente haya el deseo de hacer reir, es lo que importa destacar como una actitud nueva que se puede verificar hasta en el nuevo teatro americano.
Por ejemplo, un nuevo dramaturgo de hoy prefiere reescribir La Duodécima Noche de Shakespeare, y no una obra suya a secas. Se nota que es un autor de talento que podría figurar sin problemas en Broadway, como Henry Miller, pero como no tiene el compromiso de un Miller, prefiere no ser nadie y reescribir un drama isabelino en una antología escolar. Todo eso es nuevo, no ocurría en el pasado. Que sea una actitud nueva no quiere decir que sea una actitud buena. Yo en lo personal no comparto esa actitud, que me parece pedante y altanera, típica de un profesordello como los personajes de los que habla tan bien Julián Ríos, el autor de Larva y Poundemonium. Se ve más en el escritor americano y menos en el español, y yo creo que es por eso que prefiero ser español y puertorriqueño, y no ya norteamericano. Toparme con un personaje como los trasfugas o sexpedidionarios de los que habla Julián Rios no me gustaría.
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