No ha llegado todavía el vuelo nupcial. La reina tiene cuarenta y cinco años. Le quedan cinco años de vida, y lo aprovecha todo para destruir mis libros. Me he comunicado con un agrónomo para ver cómo elimino la plaga. Hemos mandado a hacer una cotización y vale demasiado eliminar la colonia. Así que lo he dejado todo como está. Edgar me dice que perdió su colección de discos en un ataque de polilla. La indiferencia, principalmente, aunque hay una ecotienda en el Señorial Mall, donde se puede averiguar qué hacer. Yo he podido salvar mi colección de discos, y pienso, como es natural, digitalizarlos en algún momento. Pero lo que más me llama la atención es el vuelo nupcial. El comején todavía no ha salido volando, pues se trata de una colonia subterránea. Todavía recuerdo cuando hablaba con Rigel, una bibliotecaria, quien me decía que ellos lo tenían todo, que no me preocupara por los libros. Por mi estado de salud acaso. ¿Me siento bien? ¿Estoy bien? Todavía no viene el vuelo nupcial. Aunque me llama la atención la increible longevidad de la reina. Desde que se hizo la casa está aquí. Pero nada de poesía, nada de arte. No importa nada. En palabras de Galeano: "La importancia de no haber nacido importante". En realidad, no tiene importancia. Lo he pensado mucho. Y luego, ahora que voy a hablar con el agrónomo, no me importa gran cosa. Es un problema que voy a resolver.
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