sábado, 16 de junio de 2018

Pepito




Pepito es el lado de mi vida que siempre está en problemas. Es el lado artístico y espiritual, una selva de sentimientos que nunca he podido domesticar y que me da qué hacer. El hombre adulto y racional mira ese lado con enojo. Se porta bien con él, pero nunca consigue que las cosas estén bien. Sin embargo, Pepito es el más histórico de los dos. El adulto es nadie. El ser histórico Pepito tiene reconocimiento y recibe más afecto que el adulto. Ahora, por ejemplo, el adulto dio a conocer por la red que lo dejaron usar este programa gratuito para escribir. No lo puede abrir por el desktop, sino por la ventana. Pepito, por otro lado, está pendiente a las cosas sociales y piensa que al adulto le pasan esas cosas porque hay desigualdades sociales inevitables. El adulto cree ser un ser de luz, pero Pepito se fija en el hecho de lleva la barba sin arreglar, desaliñada.
Podía escribir en el blog sin problemas y directamente al encuadre, publicarlo todo y dar a conocer cómo estoy pensando ahora. Pero me han dejado editar lo que escribo con este programa nuevo y no lo publico todo. Me alegra mucho el hecho de que tengo una versión de excel gratuita con la que puedo hace cotizaciones, pero Pepito es suspicaz. Pienso mucho en Cuba y en mi hijo. Se ha graduado de ingeniero y no ha venido a mi casa hace tiempo. Escribo todo esto con lentitud. Mi madre lee el blog y dice que escribo cosas con cierta peculiaridad. Pero la verdad es que todo lo estoy guardando.
Pepito pone una cinta de Charlie Parker y nota que está perdiendo la audición por un oído. El adulto reflexiona que su madre está igual y que una grabadora de cassette ya no tiene sentido para los dos. La tía de Pepito le manda un contrato de alquiler de una vieja propiedad en un pueblo al que ya no visita y él le dice a ella que haga lo que quiera. Ella le pide que le envíe una identificación con foto y un comentario en relación a la profesión en la que actualmente se desempeña. Todo eso le da risa al adulto. Son cosas que le pasan a Pepito todavía, al ser histórico. Por supuesto, hay que preguntarse quién es el que escribe estas cosas, si es el adulto o Pepito. Eso no está claro.
Tampoco está claro quién es el que crea idiomas. Por ahora, soporta mejor lo que escribía de joven aunque no tenga mucho sentido. Hay muchas obras racionales que no le dicen nada. Sus irracionales ensayos infantiles le dan alegría y se siente afortunado porque aprecia lo que hace. Fue Pepito el que conservó los escritos del nene. Al adulto no le gustaban los cuentos y los ensayos que escribía en las revistas de la época, pero el ser histórico sabía que en el futuro, el viejo sería feliz leyendo esas cosas. Entre otras razones, por eso escribe todavía. Se siente mejor leyendo lo suyo que lo ajeno y ya no va a las librerías. Nada de eso tiene sentido ahora.
Encontrar la grabadora entre las cosas viejas le dio alegría y enseguida se puso a escuchar viejas grabaciones de cinta que tenía guardadas de una época en la que su padre vivía todavía. Tenía algunas cosas de Ubu Web y la voz de Alberto Martínez Marquez cuando el poeta era su amigo, todo grabado en cinta. Pepito piensa que el problema de audición que padece es sicológico y no físico. Se ha puesto a grabar su voz de nuevo, primero en cinta de cassette, aunque los cabezales de la toma de cinta se ensuciaron demasiado rápido y ya no podía oir bien lo que grababa. Descubrió que la computadora tenía micrófono y grabó su voz bien, y luego se la envió a su amigo el doctor Adyanthaya.
Recordó lo oscuros tiempos en que hizo grabaciones de cinta y las vendió en Río Piedras. Rafael Acevedo debía tener algunas todavía. Sin embargo, volvió a este texto y prefirió escribir en la aplicación gratuita. Escribir es mucho mejor que grabar su voz porque no estudió dicción en la escuela de drama y piensa que su voz no se oye bien grabada. Entonces, si escribir es mejor, ¿por qué graba su voz? Lo que quiere es oir mejor y cree que el problema de su madre y suyo no es físico sino sicológico.
Los oscuros tiempos de las cintas magnetofónicas los conocía su amigo Acevedo. En aquel entonces nadie quería publicar sus cuentos y tenía la costumbre de escribirlos a máquina y grabarlos en una maleta. Vivía con Nayda en un apartamento de Trujillo Alto. Nayda que tenía fama de espía industrial porque estudió en Croem, escuela que tenía fama también de no ser exactamente un boarding school como los demás. La cuestión es que se había mudado con Nayda y su asistente retardada al apartamento y bregaba con grabadoras principalmente, no con platos de aguja como en el pasado. Sí tenía una amiga que le vendía mercancía vieja y que llegó a recomendarle a Ion de Francia que le integrara preamplificadores a los tocadiscos, porque los muchachos no usábamos la toma del fonógrafo sino el auxiliar con preamplificador. Fue gracias a ella que se integraron los preamplificadores a los tocadiscos.
Con Nayda era diferente. No bregaba directamente con ella, como con la amiga de los platos, sino con una intermediaria retardada. Eso le daba a entender a Pepito que Nayda no estaba tan interesada en la tecnología electrónica. Sin embargo, usaba tocacintas viejos con la asistente, y grababa sus cuentos en una serie de viejas tocacintas. Vendía las grabaciones por unos centavos y usaba las cintas más viejas que pudiera conseguir, no las TDK de calidad. Pepito todavía tiene algunas y Rafael debe tener algunas. Recuerda que le regaló algunas a un señor negro que bailaba, amigo del Che Meléndez. Salía mucho con Che y con la asistente de la espía nueva, pero no notaba un cambio sustancial en los tocacintas nuevos, lo que le daba a entender que Nayda tenía interés no tanto en los tocacintas como en el bebé de su exnovia. Eso era más serio.
Cuando nació su hijo, lo tuvo a su cuidado una muchacha que dejó de verlo en 1976. Ella conocía la etapa de su vida en que jugaba a la guerra y con muñecos soldados, así que desconocía el hecho de que su padre le quitó los muñecos a los doce años y le regaló mejor una grabadora de cintas. Esas cosas piadosas de su padre le quedan, como la grabadora. Recordó la etapa de la guerra y más que nada los aviones que armaba en el trailer, así que leía mucho sobre los aviones porque armó precisamente los más destacados del conflicto. Eso era algo que su padre quería que él conociera bien, por razones que todavía ignoraba. La muchacha que tuvo su hijo a su ciudado guardaba una memoria suya del Pepito soldado y esos eran los juegos de su hijo, hasta que le notificó que tuvo la época de la música, cuando le regaló una grabadora a los dos. La joven deploró la etapa musical y prefería la etapa de los soldaditos.
Hablando con su madre se enteró de la muerte de un amigo de la infancia que era buen pelotero y que de niño le dijo haber leído La víspera del hombre de René Marquez. Le decían Rayuyo, y su madre le decía que a la madre de Raúl no le gustaba el sobrenombre que le tenían. Creyó haberlo visto comprando unas cervezas con un amigo, poco antes de que sufriera el infarto. La muerte de ese amigo que recien acababa de ver en un carro nuevo le hizo pensar en la edad que tenía. Publicaría todo en el blog, por supuesto.



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