Recuerdo cuando Mara Pastor publicó mi primer cuento de embriología en La secta de los perros, “El desfiladero”, allá en los tiempos en que Rafael Acevedo estaba empezando a publicar a Luís Negrón y a Lina Nieves. Estaban hermosamente ilustrados y a color, cosa que era distinta de los acostumbrado en las revistas en las que había publicado con Acevedo. Algo estaba cambiando en el mundo de las letras y La secta era una primicia de lo que se avecinaba. Yo también estaba dejando el tema de la sicología y los médicos siquiatras por una rama médica más dura y técnica aunque no por ello menos tradicional. Mara era la joven editora de 25 años que se estrenaba en la Secta. Un segundo ensayo de embriología sobre Yara Liceaga estaba ilustrado con una caricatura de un espermatozoide. El cuento volvió a publicarse en México en Blanco Movil, lo hizo una escritora de poesía de los Setenta, Etna Iris Rivera. Ahora Mara vuelve a publicarme un cuento de biología dura y no me extraña porque eso es lo que hemos hecho siempre. Mara conoce, gracias a Dios, mi nueva época como escritor, que en mi opinión es una época más vertebrada. Y realmente me alegra que ella sepa apreciar ese cambio.
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