Ser tu muñeco no tiene sentido sin abordar la Rodeo con la que me diste por detrás cuando se me ocurrió ser Vendedor de Calendarios. Antes fui o casi piloto de pruebas, como El Hombre Nuclear. No sé si te acuerdas de Steve. Ahora todo es Michael y nadie se quiere acordar de Steve porque no tenía Licencia de Conducir, por lo menos no en el Estado de Michael, donde está Sillicon Valley, la espina de Caín de nosotros, los galeotes de Bethesda. Sin embargo, era buen piloto hasta que sufrió el percance que nos obligó a ponerle un ojo de vidrio y un brazo de metal. Una de cal y otra de arena. Imagínate lo laborioso que debe ser aliviar las tensiones sirviéndose de una Mano tan reforzada cada vez que se te ocurre enseñarme a mí tus innegables encantos por Whatsapp, que soy sino su Creador, Nuestro Señor, el que le añadió unos gags que debieron animarte a volver sino con él, sobre tus pasos.
La Rodeo es mía. Tú no. Se me quitan las ganas de hacer para mí una mano de Titanio, si quieres que acabe haciendo lo mismo que él. Además de que me la tendría que amputar ya que ya estoy a poco abandonar la idea de seguir guiando un carro. No la de seguir amándote por toda la Eternidad.


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