jueves, 11 de junio de 2026

Sí, Gracias...



 El Conde de Gobineau... Ahora en Órbita, como siempre estás conmigo. Jaime Giordanno, profesor chileno de mi último ciclo en el Curso de Litetatura Comparada, al lado de la hermana de Jean Claude Bayeux, igualmente interesada en la ensayística aparentemente suranée como los mismos pasillos de la escuela. No se diría intensionalmente fuera de tiempo, de hecho ni los que así son tenían el deseo de ironizar como Swift. De verdad escritores de intensión seria que hoy resultan curiosos como Wide Sargasso Sea. En esa nómina, ya en el Año 2005, estaba para Giordanno, y quizá por ello su inquietud, El País de los Cuatro Pisos de José Luís González, que era la guía política para todo Enamorado. Alonso no, Tapia sí. Los canarios no son amarilllos ni te quedan hermanos, ¿qué te parece? Vamos, ¿qué haces aquí? Margarita de Navarra cuenta que los franceses allí en Las Canarias, durante la Alta Edad Media, en ruego aparente por una llovizna, sin embargo se van por oleadas a la frontera gallega cuando efectivamente se verifica el esperado Diluvio. Folavril que al parecer tanto esperaba por el Topo del motociclista Wolf, al cabo siente algo parecido a un inexplicable desapego si logrado lo que anhela al parecer. Eso no raro, lo has visto si tienes algo de Boricua. Pues como te decía, Gobineau no tanto el desvelo del profesor como González, para hacerme notar lo rápido que cambiaba todo. Le pregunto por los aviones y me escribe amablemente que llegó a ver los Harriers antes de partir a Nueva York. Hay un relato de Rafa que narra su estadía con el profesor cuando era estudiante,  conmovedor por otro lado, de los más bellos de su tinta afortunada, que me recordó a Anderson Imbert, un autor casi por completo dedicado a narrar la vida de los maestros latinoamericanos en Los Estados Unidos.



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