No se equivoca mi amigo Rafael cuando dice que mi vida está poblada de fantasmas. Cuando creo que va a haber paz en mi vida, que voy a ser simplemente un escritor de fantasia, otros amigos de las ciencias me advierten que no es un problema tan sencillo. La aparición de Aravind con su teatro y los recuerdos de mi familia utuadeña me hacen ver que el vampiro pide sangre de vez en cuando y le toca al doctor bregar. Adyanthaya seriamente ha tenido que llevar viejísimos cuentos míos al teatro cuando yo ya pensaba que ese pasado utuadeño estaba asimilado y sencillamente liquidado. Net Carlo me decía que el pasado no ha pasado. De vez en cuando, pensando que voy a poder hacer algo nuevo, en ciencia ficción quizás, me veo obligado a volver al enigma de mi vida infantil. No me siento mal en lo absoluto, pero confieso que la obra antigua es un peso del que no me ha resultado fácil deshacerme. Por eso el informe que le presenté a mi amigo el doctor lo veo como una tentativa de abordar mi infancia y mi vida de una manera más positiva. Cuando Rafael dice que mis cuentos comportan una dura visión espectral no se equivoca. El abordaje sicológico de mi antiguo editor es hacer justicia a un tema que preocupaba a mi generación, que es la locura. Cuando traté de escribir de embriología, no hacía otra cosa que tratar de alejarme de la sicología, o por lo menos de hacer in shorthand más concreto del tema. Salud a Rafa que me lo recuerda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario