Bregar con las baterías que iluminan las casas alquiladas en la playa de Isabela me pone tenso. Lilliana me ha llevado de nuevo a las casas de Hau, por una carretera que se parece a la que lleva a las piscinas de Humacao. Son piscinas con las que he soñado otras veces. Un acantilado como el de la playa de Jobos en Isabela conduce a las piscinas, pero esto en Humacao y no en Isabela. Lo que he soñado no está ni en Isabela ni en Humacao, es un sitio en la playa por lo menos. Otras veces se sube por un camino playero hasta la montaña. Ahí vive la familia de Nayda desde tiempos inmemoriales. Lilliana me ha llevado por la carretera playera, una como la 101 de Lajas a Cabo Rojo, pero en un pueblo intermedio que no es Isabela. Lo que importa señalar es que hay dos baterías de carro interconectadas frente a las casas alquiladas y que bregar con la cablería me ha dado tensión. Hay dos familias que se están hospedando en las cabañas ahora, y es costumbre de Nayda poner a prueba mis habilidades técnicas. Eso me pone tenso. Por alguna razón, las baterías tienen unos lectores análogos con números, para hacer lecturas de la corriente eléctrica. He tenido problemas para bregar con las baterías. No siempre tengo habilidad para bregar con la electrónica. A veces sí, otras veces no. Esta vez, porque Nayda me ha puesto a prueba con desconocidas familias hospedadas, mis habilidades no se han logrado ver.
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