viernes, 21 de diciembre de 2018

La poesía retro de Amis Morelia

Conozco la poesía retro desde 1991, cuando Amis Morelia vino a visitarme a mi casa en representación de una muchacha que me había reprobado un examen de física en la Universidad. Amis representaba personajes impopulares de los Ochenta y les daba vida de poetas. No era una práctica ajena a mis usos, ya que en mis cuentos yo le inventaba vidas inteligentes a mis familiares desfavorecidos. Amis era, no obstante, más provocadora, ya que representaba a los personajes cuando ellos todavía estaban vivos. Yo escribía vidas imaginarias para mis parientes ya muertos, pero Amis le inventaba vidas de poeta a personas que no gustaban de la poesía o que eran conocidos por corromper la educación. En 1991 yo llegué a un acuerdo familiar con Amis para que dejara de representar el papel de la mujer que me reprobó, pero ello no significa que Amis haya dejado de hacer poesía retro. El año pasado, Amis volvió a verme con otra identidad, esta vez representando el papel de una etnógrafa intransigente. Mi compañera le escribió un libro de poemas a la etnógrafa y de hecho la invitó a dejar de ser profesora para que se dedicara a menesteres editoriales. Mi trabajo como vendedor me aleja bastante del ambiente intelectual, de modo que no sé qué resonancias tiene la poesía de Amis. No hace poco, empezó a escribirme por la red utilizando la identidad de un poeta izquierdista que hizo fortuna en los Ochenta. La poesía de ella es muy crítica del periodo histórico que precedió a la actualidad de las redes. Quien lea hoy Estruendomudo o las noticias literarias de Ana María Fuster no puede hacerse de una idea clara de las actividades poéticas de Amis. En el curso reciente de estos días, cuando voy a llevar “El Piano” a la escena, Amis ha vuelto a invitarme a una privada representación. Supuestamente se va a celebrar un recital de poetas impopulares en Robles 55, dirigidos por el publicista Néstor Barreto, que es el personaje del que Amis me viene hablando durante los últimos meses. Barreto nunca fue un poeta muy querido, pero como artista gráfico era bueno para jugar. En los Ochenta hacía libros grandes que se podían recortar para fabricar carátulas de cintas magnetofónicas. Las nuevas actividades de la poeta envuelven siempre la investigación, como cuando en 1991 me encareció a investigar el paradero de la asistente de cátedra que me reprobó en la Facultad de Ciencias Naturales. Suponemos que ahora, que no he podido terminar mi maestría, otra asistente de cátedra se opone a la discusión de ciertos temas como la embriología y la teratología. La muchacha que me reprobó en los Ochenta se oponía a la discusión de métodos de tabulación de los números primos. Cualquier cosa que parezca superar el currículo tradicional es motivo de molestia para los gerentes educativos. No obstante, Amis ha hecho una poesía muy particular con estos personajes. Ella no existe exactamente como poeta reconocida y yo he tenido el cuidado de no preguntarle por su verdadera profesión, por lo arriesgado que resulta lo que ella hace.

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