domingo, 17 de noviembre de 2019

Coquetería

La omisión deliberada de un autor siempre ha sido uno de los encantos particulares del mundo de las letras. Me ha interesado más que se ignore deliberadamente a Lastarria, el Chileno, y se publique una tabla de autores latinoamericanos que lo dejan afuera, que la idea de hacer un balance de lo que importa. Ese encanto lo tiene Puerto Rico. Se ignora a Angel Luís Torres, que era un alma de Dios, y dejan afuera al Che Meléndez, que era el maestro de todos los que estábamos allí. Eso que en principio hace pensar en la injusticia, es precísamente lo que tiene de coqueto el mundo que conocí de joven. Lastarria, que es el antídoto más eficaz para enfrentarse a los barrocos canonizados por la crítica, se menciona apenas en un ensayo que leí en la revista Confluencia. Pero el texto que lo hizo famoso no aparece en ninguna parte, el relato sobre la Monja Alférez, Catalina de Erauzo. Sí encontrarán en la red el relato escrito por ella en el Siglo de Oro. Pero el de Lastarria quién sabe. Mi libro de Fray Servando Teresa de Mier tendría que abrirlo con una navaja y ya no me siento de ánimo para ponerme a cortar las páginas. Y el libro de Kattia, que ella me regaló autografiado, no lo volví a ver en mi casa como tampoco la edición nueva de mi libro.

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