viernes, 24 de marzo de 2023

De Janer a Sierra Bermeja

 

Edición Mínima

 

No tenía una opinión del nuevo género literario que me importara si como narrador tampoco creo parecía tener claro por qué me importaba escribir si no los cuentos orales que Gil me legó y que empezaba a olvidar, o las demasiado reales y acaso distantes historias de Isabela.

 

Que me sumara activamente a una brigada que tenía como objeto olvidar las del mogote de Janer, o aconsejarme no empezar una aventura que me obligara luego a mi Hermana a demoler Sierra Bermeja, creo puede explicar que me fuera rápidamente de Lajas a poco de recibir un encomio por mis defectos de nacimiento de manos de una Hermosa Poeta Centroamericana. Si con la advertencia de Monterroso y lo que la escuela me aconsejaba acometer, moderación me parece tuvo como secuela sin consejo su poema sobre mis barritos en la Antología del Límite Volcado. Y creo que lo que prometía incendiar el homenaje que el hindú me aconsejaba recibir, se fue apagando a poco de permirtirme el lujo de afectar venir de todo, que me parece el telos del microcuento.

 

 Un personaje de novela francesa rival de Nadya, una tal Dirty que protagoniza una borrasca alcoholizada que soñó Bataille, fue acaso lo que me evocó la puesta en escena de mi primer y tan madrugado libro de cuentos. Claro que al igual que Celia, la actriz tenía interés en conservar el ultimo mogote calizo que le quedaba a mis amistades, sin historias crudas de brujos en la sombra o de amores que se quedaron en vagas promesas. Como Celia la vez que me habló de Sierra Bermeja, Zuli me ofreció un jugo de uva sino una Coca-cola. Entonces, claro, mi hermana no tuvo que movilizar la brigada para hacerme olvidar un desencuentro y se limitó a embrear las calles de la ciudad. Lo único que lamento es que no he vuelto a ver a Aravind.

 

 

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