La Biblioteca de mi Padre
Hace tiempo no pensaba en eso. Había libros de sicología
y alguno desaconsejado,
Otro libro que echo de menos, El exorcista de Peter
Benchley, me recuerda que titi Loyda era muy dada a reirse de mí con una cara
que le copió a esa actriz y claro, mi compañera a poco de traer a José Manuel a
la vida, no sé cómo es que supo que me agradó la sonrisa de lunática de mi tía
algún sábado en tren de visitar a Quelín. Pero es verdad que Nayda hizo la
misma escena en que la posesa sufre un percance que no va a tono con la idea de
caer presa en la carcel de los besos de Satanás: se le vira, me parece el
cuello, lo que es doloroso y no casa con la seriedad de tomar partido por la maldad.
Claro, para esta libreta de empleada a jornal, no
puedo prometer más sin arriesgarme a otra amonestación de la Hermana que me
regaló la posibilidad de tomar notas antes de ejecutar,
Había entre los libros que dejó mi papá una novela curiosa,
The Holcroft Covenant, que narra la hazaña de un arquitecto que salva la vida
de 700 embriones decomisados de oficiales del Tercer Reich, transportados a temperatura
super baja en un submarino, y como el asunto LUMA, a razón de un millón de dólares
por cabeza para que salgan doctores si no médicos. A parte de otros que no
recuerdo y que desaparecieron
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