jueves, 23 de marzo de 2023

¡Es un monolito!

         Mi maestra de literatura encaraba un problema de ese tipo a poco de graduarme de su programa. Habíamos recibido un mensaje bien sencillo de América Central de parte de un narrador de gran solvencia intelectual. Se trata del primer microcuento dado a conocer como tal, El Dinosaurio. La profesora tenía pensado responder al mensaje, que envolvía entre otras cosas cierto desencanto con la narrativa breve. El telos, el eidos, todo era dudoso y decepcionante para el gran narrador que había sido Monterroso.

 Mi maestra tenía dos opciones a la mano, emplear un método estenográfico, que supone menos la respuesta que merecía la aseveración de un escritor ya consagrado que el esfuerzo para lograr ese fin. Usar mollero, como dicen los matemáticos; la fuerza bruta, o ponerse al nivel que aparentaba deplorar el insulso juego de palacio en el que dicen acaba lo mejor. Mi maestra, recuerdo, hizo una inolvidable exclamación: Es un monolito, Pepe. Claro, de ahí a volver con mi hermana fue cosa de unos días. 

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