Quisiera escribir una historia que valiera la pena. En el pasado tenía más imaginación. La edad me ha llevado por otro sendero, otro camino. Cuando fui joven tenía otra idea de la vida. Pensé que podría escribir largas novelas sobre mi vida. Pero pronto lo fui olvidando todo. No recordaba nada. No había una historia familiar en realidad, estaba huérfano de historias. Me daba pena una novela que contaba la historia de un soldado que visitaba un bar en Arizona para averiguar lo que su ex mujer hacía con la pensión. Se titulaba Bordersnakes. La había escrito un señor becado por la Fundación Mellon. Claro, que en mis años de juventud estuve a punto de ser becado por esa fundación. Me casé con una muchacha en la Universidad y eso terminó con esa posibilidad. La historia del soldado era graciosa. La novela en sí no era muy famosa, pero la narración era interesante. El soldado se enredaba a pelear con los amigos de su ex mujer. Buscándola porque vivía en un trailer seguramente, le daban tremendas palizas en las barras. Así que dejé esa a medias. No la terminé de leer. Me pasaba eso mucho con las nuevas novelas americanas. Todas tenían un final trágico predecible. Seguramente por eso es que uso el chat. A cierta edad se ha llegado al límite.
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