Le había alquilado la casa a José María Lima para vivir allí con mi esposa la actriz María Noemí Ramos, cuando repentinamente se nos invitó a la boda de una estudiante de neurología, Samari Alsina, amiga inseparable de mi inolvidable amiga la neuróloga María Teresa Cancela. En la boda de Samari estaba, por supuesto, mi amiga Teresa. Fue la primera vez en mi vida que no las vi juntas, cuando eran estudiantes. Yo estaba con mi esposa y con mi suegra, y repentinamente se me vinieron los años encima. Regresé a la casa de Lima muy emocionado y mi esposa no supo qué decir. Me senté en la máquina de escribir que me regaló mi tía y en cosa de unas horas, algo inaudito, redacté la totalidad del cuento. No pasaron dos semanas cuando mi esposa y yo nos separamos, ya que lloré mucho cuando ví a las neurólogas separadas de manera definitiva. Desconocía, por otro lado, que el cuento alcanzaría la notoriedad que tuvo. Recuerdo que el mismo mecanoscristo, en fotocopia, le fue enviado al Certámen de la revista Caribán. Seis meses después de haber asistido a la boda de una de mis amigas, quedé separado de mi compañera la actriz Noemí Ramos, y cuando el cuento ganó el Segundo Premio de la revista, ya yo no estaba casado. La mayor parte de los hechos que narro en Cada vez te despides mejor datan de la época en que mis amigas se casaron y yo quedé, por otro lado, separado de la actriz. No empero, no perdí mi excelente relación con los actores teatrales. Estos cuentos de corte médico que Aravind Adyanthaya entiende, por supuesto, de una manera tan perfecta, son los que dieron pie para la representación de La Perra de Darwin, que siendo el último y sin embargo el único que se conserva fuera del libro, fue el primero que llegó al teatro de Puerto Rico.
Por supuesto, luego de que el cuento ganó el premio, fue inmediatamente publicado con unas hermosas viñetas de José Peláez, el ilustrador de la Editorial Cultural. Eran ilustraciones de unos esqueletos. Por supuesto, edité el cuento por miedo a que mis amigas se molestaran, aunque en la edición original dice Samari y Teresa. Por supuesto, era un humilde homenaje que yo les hacía. Clemencio Batista, por otro lado, fue un siquiatra de la vida real que atendió de verdad al plenero Canario. Tengo libros de sicología de Clemencio Batista cuando estudiaba en la Universidad. Jamás me imaginé que el relato despertaría tantas suspicacias cuando en realidad era un homenaje de amor a mis amigas, a las que sin duda dejaría de ver. Ahora que veo la obra de Aravind, es la primera vez que un médico comprende que el cuento ilustra un caso extremo de la embriología, que es el gemelismo.
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