miércoles, 15 de junio de 2011

Yo tuve una amiga como la tuya

 
      En una clase de biología, el maestro nos invitó a mi amiga Juliana y a mí a averiguar qué hay de cierto en animales tales como el chupacabras o la buruquena. Los submarinos son mi pasión, y hubiera preferido que el maestro me invitara a investigar todo sobre un submarino hundido que había en la entrada del puerto de Arecibo, pero como no había fondos para hacer el viaje a esa ciudad, nos tuvimos que conformar con un viaje a la central Soller, que no está muy lejos del Guacio, donde Juliana y yo nos hemos criado. En el río pudimos encontrar que la chágara existe. Es una especie de camarón transparente. Pero sobre la buruquena no encontramos nada, ni mucho menos sobre el chupacabras. Yo le dije al maestro que no había encontrado nada y él me mandó a conversar con un anciano que había sido uno de los tripulantes del submarino hundido.
       Hablaba en español. Un español algo crudo, pero que se le podía entender. Su pasión no era conocer los submarinos, ya que los había tripulado de joven. Todavía guardaba las alas de metal que se le ponen como medallas a los marinos que han vivido en un submarino más de seis meses.
      -No vinistes con tu amiga Juliana- me dijo.
     -A ella no le interesan los submarinos- le dije. -Le interesan los animales fantásticos. El maestro la complace y la manda a hacer asignaciones para ver qué hay de cierto en ello, y a mí me manda con ella como su asistente. Pero no hemos podido encontrar nada. Yo, por mi cuenta, he venido a conversar con usted.
      -No es mucho lo que te puedo decir sobre el submarino- me dijo. -Sufrió una avería y lo tuvimos que varar a la entrada del puerto. Ahí se ha quedado porque es muy pesado. Lo que sí te puedo decir es que cuando me bajé del submarino, alguien me mordió. Un gran animal. Tengo algunos pelos del animal todavía. Los podrías analizar para ver si son de lobo o de perro. Quizás es un chupacabras y no un lobo.
      -Quisiera saber más sobre los submarinos- le dije.
     -Le tienes que escribir al capitán del navío- concluyó. -Puede ser que él te diga más cosas sobre el submarino, ya que es muy poco lo que te puedo decir.
      Le escribí una carta al capitán del navío, que también era una persona mayor de edad. Me mandó una cartita breve en inglés que decía algo así:
       Mr. Juan Díaz:
       I can not tell you what happened with the submarine. The sailor said you the truth. When he was harbored, someone attacked him. You can see the scar he has in his hand. For that reason, your teacher sent you with your friend Juliana to see what happens with the "chupacabras". Maybe a dog attacked the sailor. You should analize the hairs the sailor gave to you. They might help you to find out.
     Yours
     Captain Johnson
     Me sentí algo frustrado porque no podía averiguar nada sobre el submarino hundido. No obstante, porque tenía interés en la historia, mis padres me llevaron a ver un submarino que todavía estaba en servicio con Juliana. Es curioso, ya que la conducta de Juliana desde entonces, empezó a ser algo rara. Ya no quería hablar conmigo. Cuando llamaba por teléfono a la casa, quería que le pusiera a mi mamá al auricular y no quería hablar conmigo. Llevamos los pelos que el marino nos dio para hacerles un análisis y encontramos secamente que eran de perro.
      Volví a la casa del marino para decirle que los pelos eran de perro y él se hechó a reir.
      -Yo tengo una amiga como la tuya- me dijo. -Sí. Juliana se parece mucho a una amiga que yo tuve cuando era joven y todavía no estaba en la Marina. Yo te voy a llevar con Juliana a ver el submarino hundido, para que veas que no hay nada de raro. Sólo fue un accidente, una avería, hará muchos años. No lo han podido sacar, eso sí es verdad, por lo pesado que es. Pero vamos allá con tu amiga.
      Fuimos un sábado al puerto de Arecibo. Juliana vino con un perrito pequeño que la acompañaba ahora y no me prestaba gran atención. Nos esperaba en la playa el viejo capitán, que nos llevó en un botecito hasta el sitio en donde estaba la vieja nave hundida. Pudimos ver que no había nada de particular en la vieja proa hundida, y cuando volvimos a la playa, ya de regreso, cuando traté a acariciar al perrito de Juliana, me dio una pequeña mordida en la mano.
     -I told you- dijo el marino. -Yo tuve una amiga como la tuya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario