Todo sucedió hace muchos años. El poeta Salvador Villanueva se encontraba mal de salud y yo me estaba quedando en la casa de mi abuela paterna, luego de haber dejado Río Piedras. Mi abuela me dio unos huevos y café, para que se los llevara al escritor. Me fui a Mayagüez en una guagua pequeña y me puse a meditar lo que iba a hacer con mi vida. Había escrito un cuento corto que ya he olvidado, cuando regresé a la casa de mi madre y terminé con el drama de las mudanzas. Fue entonces que asistí a una actividad en la Universidad Metropolitana, sobre la antipoesía, cosa sobre la que no se habla hoy. Hoy se habla del microcuento, Augusto Monterroso ganó esa guerra y otras más. El invitado de honor era un poeta chileno, Nicanor Parra, y los auspiciantes eran tres escritores que se consideraban sus seguidores: Hjalmar Flax, José Luís Vega y Salvador Villenueva. Estaban reunidos para celebrar la visita del escritor, quien no dejaba de señalar que era más bien un científico que escribía poesía. No recuerdo que leyeran mucho de su poesía, lo importante era que estaban reunidos. Entonces Edgardo Nieves Mieles, quien los seguía a todos y que acababa de publicar su primer libro, me empezó a prestar las revistas de los Setenta en donde publicaban ellos. Algunas de esas revistas eran satánicas y otras científicas. Era un mundo nuevo para mí, que estaba acostumbrado a leer a Pablo Neruda. De cualquier modo, leí un libro de Nicanor Parra que ya no tengo. La visita del poeta fue olvidada, pero uno de los escritores se interesó en mis cuentos y siguió entrevistándome. Mi regreso a la poesía se lo debo a Hjalmar Flax. A través de este poeta, me interesé de nuevo en los poetas, como Kattia Chico y John Torres. Acabo de leer el nuevo libro de John Torres por la red electrónica, "Fiebre de Fresno", que es un libro muy hermoso. Entonces he querdido recordar estas actividades antiguas.
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